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Dardo Magazine

Presente continuo

por Dardo magazine

Dardo Magazine nº 6, Octubre 2007/ Enero 2008 2007

Sin prisa. Así nació Dardo magazine, hace casi dos años. Una revista decidida a no basar sus contenidos en la actualidad inmediata, sino en la trayectoria de los artistas, independientemente de su protagonismo puntual. Dardo magazine pertenece a una editorial independiente, Dardo ds, que también cuenta con una empresa de diseño propia. La editorial, especializada y enfocada principalmente en España, Portugal y Brasil, nace en feliz coincidencia con un momento donde otras pequeñas editoriales comienzan a publicar revistas propias, lo que nos habla de una etapa prometedora para el campo editorial independiente, con menos compromisos políticos y comerciales que los grandes grupos y compañías de capital internacional. La producción alternativa supera sus límites económicos con una ausencia de límites en la producción intelectual. Así, vemos emerger editoriales sin fines lucrativos (The New Press), con forma de cooperativa (Ordfront)... siempre con el fin de preservar la autonomía política y cultural.

Pero no es un camino fácil. En un momento de ensalzar -sin tiempo para pensar- a todo artista joven que asome la cabeza, Dardo magazine propone otra mirada más tensa, detenida (sin llegar a la petrificación de la Medusa), alejada de esa suerte de fundamentalismo artístico que es el consumo del arte ‘joven' como cualidad. Dardo magazine no pretende descubrir sino que simplemente busca ser una plataforma para no olvidar, un instrumento de resistencia que procura más hacer circular ideas que configuran el mercado, que mercados que configuran la circulación de las ideas. Justo lo contrario que comienza a suceder en nuestras universidades, que experimentan una suerte de darwinismo con forma de bolsa de valores -lo decimos en el año de la diseminación de másters ibéricos de arte contemporáneo, casi todos clones de un modelo que nunca ha llegado a funcionar-. Cada vez se da menos espacio crítico y más fractura social, más másters, más MBA y competiciones para alcanzar una clasificación corporativa: el germinal objetivo humanista se desvanece en el mercado de los diplomas. Otra vez más prisa, en forma de galones, para disimular la falta de ideas e iniciativas.

Dardo magazine es una publicación de cultura visual contemporánea, centrada en el arte de las últimas décadas. Sin establecer ningún vínculo generacional ni de poder, y con dos directores de generaciones distintas y con pensamientos diferentes a la hora de valorar el arte y los artistas pero convergentes en el respeto por todo lo que rodea a la creación contemporánea y a esos creadores, Dardo magazine trata de no confundir los momentos de pluralidad democrática con el ‘todo vale', primando la calidad de los autores de los textos y de los artistas seleccionados para ofrecer una voz curiosa por el saber en un momento donde, como decimos, se valora más el discurso inmediato a modo de silencio improductivo que la presencia crítica. Quizás podríamos traer aquí aquel tema del ‘silencio de los intelectuales' que emergió en la Francia de Mitterrand ante la desilusión de que la ‘izquierda unida' no era capaz de llevar a cabo su slogan de ‘cambiar la vida'. Ahí nacía el dilema y más tarde la polémica suscitada por Le Monde. Porque como afirmó en una conferencia Francis Wolff, el intelectual es aquel que transforma una autoridad intelectual en autoridad política en nombre de una autoridad moral y como en la Francia de 1983, nunca los intelectuales gastaron tantas palabras como ahora para justificar por qué no dicen nada. Seguramente por eso tienen tanto éxito los blogs, siempre subjetivos ante la falsa objetividad de gran parte de la prensa. Quizás su escritura parabólica los acerque a las paradojas sublimes de la poesía. Porque las palabras -fundamentales en Dardo magazine, que no busca el mero impacto de la imagen sin más- pueden mudar las convicciones, provocar una reacción. Podríamos pensar en el momento en que Sartre criticaba a los filósofos del XVIII que ‘cuando buscaban al hombre, sólo llegaban al burgués', pero sobre todo en André Gide, que rechazaba la táctica intelectual para ofrecer otro tipo de compromiso, renunciando a ser escritor y admitiendo su sumisión partidista. Mientras eso no nos llega permitiremos en nuestras líneas que el intelectual no abandone en pro de unos intereses inmediatos su purismo, sus consideraciones abstractas. El silencio es la negación más absoluta de lo intelectual. Sería algo así como intentar escribir después de mirar a los ojos de Medusa.

LA FANTASMATA DE MEDUSA

Dardo magazine comienza con el conocido artista portugués João Tabarra -con quien mantenemos una entrevista en las páginas siguientes-, una serie de ediciones que protagonizarán cada número de la publicación. Y que mejor metáfora que la de Medusa, aquel monstruo femenino cuya mirada convertía a la gente en piedra. Habitualmente descrita como una de las tres hermanas Gorgonas, Medusa fue castigada por Atenea convirtiendo sus cabellos en serpientes y con un desafortunado poder: su mirada podría petrificar a cualquier criatura. João Tabarra recoge ese simbolismo para extrapolarlo a nuestro mundo contemporáneo y, seguramente, a su misma condición de artista. La Medusa de Tabarra, en cambio, se aleja de aquella condición distante de Medusa. Detalles como tener los labios pintados de rojo revelan esa paradoja que nos lleva a una proximidad carnal. Pero también se aleja de aquel mundo extraño, de fantasía petrificada, que tenía la conocida Medusa de Arnold Böcklin, que revelaba su particular obsesión con la muerte. Pero la mayor de las distancias se produce por el hecho de que la Medusa aquí ya no está representada con forma de mujer, como estamos acostumbrados. João Tabarra toma el personaje para sí, como significativa metáfora de su universo particular y del mundo en general, fácilmente reconocible para quien se haya detenido a estudiar su trabajo. Como en ese personaje del hada tan característico de sus fotografías desde finales de los años noventa, el irónico travestismo del personaje, la fisura perceptiva que nace de esa dislocación anti-heroica, permite ir más allá de la supuesta mentira/verdad de la representación.

Ahora la mirada de Medusa/Tabarra es triste, sólo se ve un ojo decaído, como sin fuerzas para petrificar pero pensativo al tiempo. Como si ya hubiese vivido lo suficiente. La falsedad colorida de las culebras nos advierte que todo ahora es de otra manera. Así, Tabarra semeja preguntarse hasta qué punto no tendremos que utilizar a Medusa, una Medusa que en su capacidad de sumirnos en petrificación, nos anuncia otro tiempo. Domenico de Piacenza definía como “fantasmata” cuando un bailarín se volvía de piedra, como si hubiera visto la cara de la Medusa. Así, Giorgio Agamben señala como esa “fantasmata” define una interrupción repentina entre dos momentos, una pausa que contiene virtualmente la memoria -pasada, presente y futura- de toda la escena coreográfica. Una interrupción cargada de tiempo, un tiempo -matiza Agamben- que es pura inminencia y pura memoria, nunca acontecimiento presente. Como el gesto de João Tabarra. Así, permítanme esta especie de paréntesis editorial que por primera vez ocupa nuestras líneas. Algunas personas nos lo habían pedido desde hace tiempo. A partir de ahora, uno de los dos codirectores de Dardo magazine (mi colega Paulo Reis o quien esto escribe, David Barro) nos acercaremos a los lectores con una breve introducción que hable de nuestros pensamientos y propuestas. Será un modo más de aproximarnos al lector más fiel. Porque así son las intenciones de Dardo magazine en su relación con el presente: no estar cuando la noticia tiene lugar, sino en otro tiempo antes o después del marco temporal de la actualidad inmediata, del consumo de un particular evento, exposición o motivo de confluencia de medios. Nos interesa el arte y los artistas y buscamos existir en esa suerte de resistencia a lo efímero, a lo emergente, en definitiva, a la mera oportunidad.

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