Autor: Fernando Huici March
Revista: Arte y Parte nº 120
Alcanzados en este punto los ciento veinte números editados de Arte y parte, la revista viene a completar al fin, con el ejemplar que tiene el lector entre las manos, las dos primeras décadas de su trayectoria. Veinte años, a decir del mítico tango escrito por Alfredo Le Pera, que musicó y cantó Gardel, no es nada en definitiva. Pero aun así, los dos decenios que nos separan ya de aquel umbral de 1995 en que emprendió esta aventura, como fundador, Miguel Fernández Cid y a la que dimos continuidad, apenas tres años más tarde, junto con Fernando Francés, no deja de ser un hito en el siempre frágil -y hoy, de hecho, tanto más incierto- panorama de las revistas culturales en nuestro país. Pero aquí seguimos todavía, en la actualidad bajo el renovado y vigoroso impulso editorial conferido por José María Lafuente.
Dos son, en todo caso, las figuras de referencia que se entrecruzan en la propuesta de número temático ideada para la ocasión, en elección derivada de la coincidencia de ambos creadores, con sendas muestras de altura, en nuestro actual horizonte expositivo. La primera de dichas figuras es la del artista suizo Max Bill, un nombre incontestable dentro de la abstracción europea del cuerpo central del pasado siglo. Pintor, escultor, grabador, arquitecto y maestro del diseño, tanto objetual como gráfico, Bill se formó bajo la sombra tutelar de una plataforma legendaria como la Bauhaus y fue en su trayectoria creativa de orden plural uno de los prolongadores decisivos de su legado en la gestación de las claves del llamado arte concreto.
Miembro, por su parte, de un frente generacional ya posterior a la segunda contienda mundial, y surgido en el contexto que había desplazado la primacía virtual del debate plástico hacia la escena estadounidense, Sol LeWitt se erige, de forma incontestable, entre los talentos más influyentes que impondrán su huella, en la recta final del siglo xx, sobre los parámetros del llamado tiempo de la posmodernidad. Su aportación creativa se asocia, entre las más relevantes, tanto a la esfera del arte conceptual -al que aportaría reflexiones teóricas que, pese a su brevedad, se cuentan entre los textos clave del movimiento- como a la génesis del minimalismo, término este al que, sin embargo, él contestaba con ácida ironía.
Nos ofrece de entrada Javier Maderuelo el dibujo de un panorama que permite inscribir en el devenir sucesivo de una misma aventura la aportación distintiva de los dos protagonistas vertebrales a los que hemos dedicado la presente entrega de la revista. Panorama que, en su arranque germinal, viene a enlazar de hecho con el paradigma acotado justo en el anterior número de Arte y parte, que venía a conmemorar, como sin duda recuerdan nuestros lectores, el centenario de la irrupción del suprematismo y el ideal instaurado por Malevich en el salto hacia la conquista emancipadora de una pintura sin objeto que en esencia comparten, en el arranque del pasado siglo, los padres fundadores de la abstracción, cuya modulación ulterior fructifica sucesivamente en hitos, como los que encarnan la sintaxis concreta de Bill o las propuestas conceptuales de LeWitt.
Otros dos textos, por su parte, nos acercan a sendas derivas clave en el hacer de Max Bill, desde la perspectiva que, en cada caso, con él comparten, desde sus respectivos ámbitos de reflexión y sus propias prácticas creativas, los autores de los mismos. José Manuel Cabra, en primer lugar, se centra en los parámetros de la pintura del creador nacido en Winterthur, así como su no menor interés por explorar las distintas técnicas de la estampa. Pintura y gráfica, o plástica más bien, planteadas como un arte de concepción matemática que, en pos de la esquiva senda trazada por la razón intuitiva, edifica sobre la aritmética de forma y color una sinfonía visual de resonancia inagotable.
Emilio Gil, por su parte, hace una minuciosa evaluación de las aportaciones fundamentales del depurado talento de Max Bill a las disciplinas del diseño, tanto principalmente en el campo gráfico como en el de la composición tipográfica. Sendas que habían de hacer fructificar las pautas aprendidas en la Bauhaus de Dessau en el desarrollo de un cierto canon de diseño a la suiza que, como nos recuerda el propio Gil en su artículo, había de fecundar con influencia notable el hacer de algunos de los mejores talentos que renovaron dicho campo, allá por la década de 1960, en nuestro propio país.
Y dedicamos a su vez un texto a los llamados wall drawings, los tan soberbios dibujos murales efímeros que Sol LeWitt desgranaría, en más de un millar, desde 1969 y hasta su fallecimiento en 2007, sin duda como eje vertebral de mayor alcance de toda su aportación creativa. Ecuación originalísima que combinaba un arte basado en la primacía de la Idea con una ejecución coral, en plasmaciones eventuales destinadas a desvanecerse, precisamente, para fundamentar la raíz de un modo de creación en verdad imperecedero.
Justo dos números atrás, Benjamin Weil nos acercaba al segundo libro de artista creado por Sol LeWitt, cuya muestra de dibujos murales ha comisariado, junto con John Hogan, para la Fundación Botín. En esta ocasión, en recíproca simetría, Weil vuelva a la sección Arte y Edición para desvelarnos las claves de otra publicación histórica. Se trata de las muy hermosas quinze variations sur un même thème, que Max Bill creó en 1938 para las ediciones parisinas de Chroniques du Jour, la aventura editorial que el marchante de Modigliani, Léopold Zborowski, había puesto en manos del periodista italiano Gualtieri di San Lazzaro quien, el año mismo de la aparición del libro del creador suizo, pondría a su vez en marcha, en fase embrionaria, otra revista de arte, xxe Siècle, que había de alcanzar en la década de 1950 justa fama legendaria.
Y todavía para rematar el número, como pórtico de excepción al apartado de exposiciones, incorporamos un texto esclarecedor en el que Ignacio Gómez de Liaño nos muestra los sutiles ejes de coincidencia que enlazan, en su dimensión más profunda y esencial, el respectivo hacer visionario de otras dos grandes damas de la especulación geométrica contemporánea, la pintora india Nasreen Mohamedi y la española Elena Asins.
