Esto tampoco es una pipa

Autor: Fernando Huici March

Revista: Arte y Parte nº 116


En la muy interesante entrevista que le hizo Irmeline Lebeer para el catálogo de su gran retrospectiva de 1974, en el Palais des Beaux-Arts, de Bruselas, Marcel Broodthaers recordaba que René Magritte -a quien él había reivindicado de siempre, sabemos, como referente esencial- le había reprochado precisamente ser, no tanto un verdadero artista, sino ante todo un sociólogo. Consideración, si quieren, algo extravagante, en referencia a quien se había presentado a su propia gran muestra del 74 acompañado nada menos que por un camello del zoo de Amberes. Y, sin embargo, no le faltaba razón a Magritte, pues algo de eso fue a la postre, en buena parte, lo que acabó por garantizar su éxito póstumo y su prolongada influencia en la escena artística del tramo final del pasado siglo. Creador inclasificable y enigmático, reclamaba un análisis del arte desde una perspectiva clínica, que viniera a restituir el equilibrio roto entre la sociedad y el loco visionario, y en pos de tal indagación poética acabaría por desenmascarar las paradojas inherentes al funcionamiento del sistema del arte y de sus superestructuras teóricas en el marco de desarrollo del capitalismo avanzado.

Abriendo senda en este número monográfico, Francisco Javier San Martín sitúa en su texto el perfil de la singular apuesta de Broodthaers sobre un doble eje. El primero, aquel donde busca inscribirse en la estirpe de una cierta tradición, la del surrealismo belga en primer lugar, pero también en una trama más compleja de referentes de la vanguardia histórica, que van desde Mallarmé al curioso maridaje que establece entre Magritte y Duchamp. El segundo eje, por su parte, es aquel que lo proyecta, en cuanto que precusor, como precedente de actitudes distintivas que florecerán, en el contexto de las prácticas creativas que emergen hacia el horizonte del cambio de siglo.

Planteada en forma de díptico, la contribución de Horacio Fernández se centra, por su lado, en primer lugar en el papel que la apropiación y transmutación del objeto juega en la estrategia creativa de Broodthaers, así como en esa ficción decisiva que edificará, a partir de 1968, en torno a la idea de un museo de arte moderno, el llamado «Museo de las Águilas», que venía cínicamente a cuestionar los escenarios, rituales, políticas y estrategias vertebrales del contexto social del arte. Pero dedica, a la par, otra sección de su texto a otra cuestión no menos legendaria en la biografía del creador belga, y que no es otra que su estratégica metamorfosis desde la condición de poeta a la de artista. Y sigue, de hecho, en nuestro sumario una breve antología documental de escritos del propio Marcel Broodthaers, integrada ante todo por correspondencia y textos relativos, casi en su totalidad, a la peripecia itinerante del Musée d’Art Moderne. Département des Aigles, ya destacado en su artículo por Fernández.

En su doble condición de poeta y artista, el libro ocupa, como es obvio, un papel vertebral en el cosmos creativo de Broodthaers. Libro como soporte y vehículo difusor convencional de la escritura poética y libros transmutados en objeto escultórico con el propio deslizamiento de la figura del poeta hacia la práctica artística. Aunque finalmente, ante todo, creador de libros de artista y precedente legendario con ello de la muy fértil corriente que dicha práctica alcanzará en las décadas que siguen a su muy temprana muerte. Glòria Picazo arranca así en su texto recordando la admiración insistente de Broodthaers por sus ilustres antecesores, Mallarmé, Baudelaire, Poe o Rimbaud, a quienes tantas veces haría referencia en su propia obra. Y desde ese punto fundacional nos ofrece un riguroso balance de las incontables floraciones que el libro obtuvo en el desarrollo de su paradójica trayectoria y que, tan a menudo, tienden a emerger, como el propio Broodthaers señalaría a Irmeline Lebeer, bajo la sombra recurrente de una prohibición.

Y cierra de algún modo el círculo Estrella de Diego, remontando una vez más el curso nutricional del surrealismo belga, para identificar, en ardua indagación poética, el aliento y las fuentes de ese otro desarrollo vertebral que el hacer de Broodthaers encuentra en la realización de películas que, como advierte la historiadora en su texto, hay que entender siempre en forma de texto visual. Texto visual, e indagación documental paródica que de continuo se desmiente o se borra a sí misma y que, a su vez, encuentra su escenario y espacio de proyección en el museo ficticio donde el poeta belga pone en cuestión la institucionalización de lo artístico.

Y Broodthaers, por último, también en este caso como protagonista de la sección Arte y Edición. Javier Maderuelo centra su análisis en la extravagante triple edición que el poeta-artista belga desarrollaría en el libro objeto donde rinde cabal homenaje al poema fundacional de Stéphane Mallarmé: Un coup de dés jamais n’abolira le hasard. Un poema que, en un ejemplar de la reedición de 1914 por La Nouvelle Revue française, le había sido regalado por Magritte, a modo de incitación iniciática, y que finalmente había de quedar resuelta en clave de libro de artista, cerca de dos décadas más tarde.

 

Fernando Huici March