A propósito de Roger Chartier. Las Meninas: Mirada absoluta y vida privada
Autor: Frederic Chordá
Revista: Historia, Antropología y Fuentes Orales nº 31
Chartier [pie_1] recuerda como Montaigne escribe que «la camisa y la piel siempre fueron dos, claramente separadas»; el rey también es hombre y tiene piel, «pero no puede salir del teatro público del ritual cortesano». Las Meninas (1656) hace referencia a esta situación, presentando una escena banal en el Alcázar: Velázquez está pintando a los Reyes, acompañados de la Infanta Margarita y cortesanos; el cuadro proporciona perfectamente la ilusión de las tres dimensiones de la realidad usando sólo dos, como si el marco de la tela fuera la puerta de una habitación; el rey es quien parece mirar, reflejado en el espejo y situado frente a éste.
Velázquez ha asimilado la representación (o retrato) de la realidad —que es el objetivo de su oficio (considerado vil e indigno de un noble)— con la virtud más importante del rey, su capacidad para el conocimiento, manifestada en la mirada total. Homologando Velázquez un objetivo de su trabajo con otro del oficio real se estaba situando al mismo nivel del rey, prácticamente ennobleciéndose, no mediante el ejercicio de las armas —que era el procedimiento tradicional— sino precisamente por la práctica de su oficio, invirtiendo el sistema de valores, haciéndolos girar sobre un eje, según se evidencia en la estructura del cuadro. Todos los dispositivos generados por Velázquez tienen por único objeto crear la impresión de relieve, de profundidad. Velázquez asume y, con él, todos los espectadores que mirarán esta pintura, la perspectiva, o posición, y propiedad de la mirada real. Para que nosotros podamos compartir esa mirada real se ha provocado una inversión: el rey ha dejado de ser, «por un momento excepcional» (que es el que nosotros estamos viviendo) [pie_3] , una persona pública y se ha convertido en un padre de familia que está en su casa, con los suyos: esposa, hija y servidores, y lo están retratando, «sustraído al Estado», como dice Chartier: no hubiera sido posible asumir la mirada real cuando ésta acometiera algún asunto de gobierno, ello hubiera constituido una usurpación, una traición al rey, y un pecado contra Dios que es quien lo ha situado en su trono. El rey, en Las Meninas , es, a la vez, punto central y marginal, sujeto que mira y objeto reflejado. La visión había de ser central, y todos los factores de la imagen debían convergir en el ojo y en la imagen del rey que es el centro de la vida social. Nuestro punto de vista de espectadores, que es muy próximo al real, prácticamente lo comparte, [pie_4] establece una perspectiva. Es como si en la habitación se formara una doble pirámide: el vértice de la primera estaría en el ojo del que contempla (casi en el lugar del rey) y se expandiría hasta cubrir exactamente toda la superficie de la imagen, allí se acoplaría a otra simétrica, que convergería hacia el fondo, hacia la pared de enfrente con el espejo (en donde está el rey), precisamente en el brazo del modelo que está en la escalera.
Pero en esa relación binaria, la posición del rey queda claramente diferenciada por su situación en el interior del espejo. Éste está perfectamente centrado, enmarcado, dentro de una frontera metálica —el hilo de oro— detrás del cristal pulido e inalterable. El rey puede estar en una posición que no es la oficial, o protocolaria, pero queda apartado de todos, en su lugar exclusivo. El espejo predica la idea del cuadro: «retrato de la mirada real». Así pues, Velázquez señala la posición única del rey en el centro de la tela, distinta a la del espectador.
También el marco, que establece los límites, le da al cuadro ese mismo valor cerrado, intocable, del espejo.
En Las Meninas , conocemos la (excelsa) percepción real mediante el trabajo (deshonroso) del artista; la mirada privativa del rey es retratada, aplicada al ámbito familiar, en un ámbito vital considerado «privado, que propiamente no tiene», según dice La Bruyère, citado por Chartier. Velázquez, es el único que puede conocerla y pintarla porque el pintor del rey es el rey de los pintores. [pie_5]
