Ana Laguna y Mats Ek. Dos vidas en un instante
Autor: Mercedes L. Caballero / Omar Khan
Revista: Por la Danza nº 66
Desde su primer encuentro, hace más de dos décadas, Mats Ek y Ana Laguna caminan juntos en lo profesional y en lo personal. Él, como contundente coreógrafo. Ella como intérprete sobresaliente. Y los dos, marido y mujer, como prestigiosos referentes de la danza internacional. Ahí va un instante de dos vidas que iluminan la danza.
Ek: En el momento en que se da un ballet a otra compañía, sí aparece esa responsabilidad. Hay una necesidad de seguimiento del ballet… Pero también es una responsabilidad poder olvidarte de esa responsabilidad. Empezar a trabajar con los bailarines de otra compañía desde cero.
¿Cuáles diría que son las condiciones que ha de tener una compañía para ceder una de sus obras?
Ek: Es fundamental la relación con el director. Que haya básicamente una confianza en esa persona que va a guardar el sentido de la obra, el significado del original. Con respecto a los bailarines, tienen que tener un nivel necesario para poder expresar mi lenguaje. No quiere decir que todos los bailarines tengan que ser iguales, pero sí que puedan alcanzar el compromiso de expresar ese lenguaje.
¿Y al revés?, ¿qué debía tener un coreógrafo para que el Ballet Cullberg bailara una de sus obras, cuando usted lo dirigía?
Ek: Pues había dos posibilidades. Una era la de trabajar con coreógrafos conocidos de los que se sabía que iban a aportar obras muy interesantes tanto para el público como para los propios bailarines. Y otra era trabajar con gente joven que iba a aportar una visión más nueva y más experimental. Las dos en equilibrio era lo perfecto.
Ek: Empecé tarde porque toda la relación de mi familia con la danza me produjo rechazo. Mi madre, mi padre… no podía evitar tener un rechazo a mi herencia en ese sentido porque parecía que estuviera forzado a interesarme por la danza. Sin embargo, después de dar muchas vueltas llegué a la certeza de que era lo que quería hacer. ¡Si no hubiese sido enfermero! (risas, muchas)
Ek: A la hora de crear voy buscando una música. Una música contemporánea que me mueva algo. Y es esa música la que hace que posteriormente aparezca un tema que antes no estaba ahí
¿Le pasa lo mismo con la revisión de los clásicos que abundan en su repertorio? Giselle, Carmen, El lago de los cisnes, La bella durmiente…
Ek: Eso es diferente porque la historia ya está. Lo que hago en esos casos es coger lo que ya está creado, decomponerlo y componerlo de tal manera que sea algo nuevo. De revisar algunos clásicos me atrae descomponer lo que ya está compuesto
Los personajes de estos clásicos revisados aparecen a menudo como oscuros, problemáticos, desprendidos de toda la ingenuidad de un cuento…
Ana: Más que oscuros yo creo que aparecen más reales, más actuales, más cercanos a la gente… Se cuenta lo mismo pero con un contexto diferente. Y el espectador puede implicarse más en la obra
Habrá habido alguno que e ha sentido insultado por una revisión tan personal…
Ana: Sí ha habido gente que ha venido a una Giselle muy diferente de la que se encontró después… Pero la reacción suele ser más positiva que negativa. El público, en principio aparece incrédulo pero al final se suele quedar con la boca abierta
¿Y qué lugar de importancia ocupa el público?
Ana: Para mí es muy importante y necesito comunicar y que sientan lo que como intérprete he querido transmitir
Ek: El público está muy presente desde el primer minuto. Si a mí no me gusta algo no voy a correr el riesgo de enseñarlo a la gente. Primero hago un ejercicio conmigo mismo que va enfocado al público, y ese ejercicio tiene que ser completamente honesto. Por otro lado, intentar imaginar qué le gustaría a la gente sin pasar por mí, sería demasiado pretencioso.
¿Suelen coincidir las obras preferidas por el público con las elegidas por usted?
Ek. Es que no puedo hablar de una obra clave en mi repertorio. Para mí, la más importante es siempre la que estoy montando o creando
¿Y su relación con los bailarines?
Ek: Muy mala (risas)
Ana: La verdad es que su relación conmigo ha ido cambiando… Yo tengo bastante libertad… con otros es más estricta, diferente…
Ek: En serio, no haría nada sin los bailarines… El bailarín está en mi mente todo el rato y es fundamental la improvisación que puede ofrecer el bailarín una vez le he dado yo la información necesaria. Está muy presente en el momento de la creación y a través de él, y a través de mí, la pieza empieza a hablar. Y si hay suerte te dice voy por aquí o por allí. Y así es como debería ser
¿Recuerdan cómo fue cuando se conocieron?
Ek: Fue en una audición que Ana hizo en el Teatro de la Zarzuela para entrar en el Ballet Cullberg… Yo me fijé en Ana pero Ana no tanto en mí….(risas) Mi desarrollo como coreógrafo está intimamente ligado a ella. Ha sido fundamental tenerla cerca.
Ana: Me resultaría difícil destacar algo de nuestra relación profesional… es tan complejo. Me fascina su manera de trabajar, su relación con los bailarines…
Mats Ek y Ana Laguna también intervendrán en el Día Internacional de la Danza, 29 de abril, teatro Albéniz de Madrid.
ALUMINIO
del 23 al 30 de abril.
Teatro Real de Madrid
“Se llama Aluminio y aunque el título suena bastante abstracto, la gente va a saber enseguida por qué se llama así. No es como llamarlo `hierro´ o llamarlo `oro´. El aluminio es difuso… No hay una historia que contar. Sí una situación y un tema. El tema del rechazo sobre el que giran otras muchas cosas. La música es de John Adams, dura 35 minutos y en un principio se llamaba `Ik´. Pero es una palabra sueca que no tiene traducción y que se trata de una negación rotunda y majestática. Absoluta. Y me pareció demasiado tajante decir `no´”
Descomponer lo que está compuesto
“De revisar algunos clásicos me atrae descomponer lo que ya está compuesto”, apunta Mats Ek. Y en sus treinta años como creador lo ha hecho un puñado de veces. En todos, despoja a los personajes de esa candidez e inocencia inicial del cuento original que revisa. Y en todos utiliza esa historia original del clásico para, una vez situada en otro contexto, poder hablar y reflexionar sobre problemas más actuales. Situó el segundo acto de Giselle (1982) en un manicomio, convirtió a todos los cisnes de El lago… (1987) en chicos y calvos, transformó a la princesa Aurora de La bella durmiente (1996) en una yonqui adolescente a la que violaban y quedaba embarazada, y resaltó apasionadamente las diferencias entre Carmen y Don José en la revisión que hizo del clásico de Bizet. Unas rompedoras adaptaciones capaces de convertir tal revisión en un nuevo clásico
Johan Inger. Aires nuevos en el Cullberg
Parece que ha llegado el momento en que el nombre del Cullberg Ballet, de Suecia, ya no estará necesariamente asociado al de Mats Ek, quien fuera su más reputado director artístico. Aunque dejó el cargo hace más de una década permaneció en contacto y sus celebradas obras siguieron siendo la fuente principal del repertorio. En 2003, el sueco Johan Inger, que traía una brillante trayectoria como bailarín y coreógrafo en el Nederlands holandés, que dirige Jiri Kylián, asumió la dirección artística del colectivo, el más importante de la danza sueca, y le dio un giro radical de timón. Sus piezas y la inclusión de las de jóvenes coreógrafos, principalmente nórdicos, han traído aires de renovación por Estocolmo. No desechan al viejo maestro, que sigue montando obras para ellos, pero ya no es el epicentro de la programación. En marzo pasado, estrenaron con éxito en la capital sueca el programa Live, conformado por As If, de Inger, y Obituary, de Linus Tunström, mejor conocido allí como director teatral aunque estimable coreógrafo. El programa ha emprendido gira por Suecia y Johan Inger parece más que satisfecho.
¿Siente que ha cambiado algo en el Cullberg desde que asumió el cargo de director artístico?
¿Cree que el hecho de trabajar con una compañía que tiene tan asumido el lenguaje de Mats Ek ha influenciado su propio trabajo?
Creo que Home and Home (2003), siendo la primera, todavía está vinculada a Ek y a Kylián, que son mis maestros pero hoy a lo mejor ya busco mi propia voz. Home… tiene el legado de mis padres y estoy orgulloso. No lo veo como algo negativo. Por el contrario, la aprecio mucho, era mi primera pieza para el Cullberg y también era la primera vez que me aproximaba a un tema como éste, el de una jovencita que está confrontando la muerte y a sí misma, aunque debo decir que no es demasiado descriptiva y se interesa más por los sentimientos, los sentidos.
¿Cómo ve el futuro del Cullberg? ¿Cree que el público aceptará el nuevo rumbo que ha emprendido?
¿No le parece drástica la medida de retirar del repertorio los clásicos de Ek?
Fácilmente podría mantener la compañía con obras de Ek, Kylián o Duato pero yo creo que el dominio de las grandes estrellas ha durado mucho. Ek seguirá haciendo obras para la compañía, pero creo que es también mi deber buscar nuevos talentos, localizar a los coreógrafos del futuro e invertir en ellos. Por el momento, lo que no haremos es el repertorio de clásicos de Mats Ek. Queremos darles tiempo y centrarnos en nuevas producciones.
