Antes de que el diablo se entere
Autor: Rosa Olivares
Revista: Express, Revista de Información y Debate sobre Arte Actual nº 39
No vamos a hablar de ARCO en febrero, cuando todo son ya quejas personales, denuncias de favoritismos, cuando incluso las críticas mejor sustentadas parecen tener su origen en un odio personal, en una venganza que pretende culpabilizar a otro de los errores propios. Vamos a hablar de ARCO ahora, en noviembre, cuando todavía ni se han cerrado las listas de admisión de las galerías, cuando todavía no se ha invitado a ningún arquitecto para que la pifie diseñando interiores imposibles y nada prácticos. La verdad es que la feria de Madrid, sí, “la” feria, lleva demasiado tiempo sin compañía y eso de ser hija única conlleva malas formas para los nuevos hermanitos cuando estos llegan. Así, la dirección de ARCO abortó el año pasado la posibilidad de que una versión de SCOPE aterrizase en Madrid. Este año no sabemos si lo evitará otra vez, o SCOPE ya no está interesada en Madrid. En cualquier caso, mal asunto. Pero, ojo, en Madrid lleva varios años celebrándose al mismo tiempo que ARCO otra feria en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo, ART MADRID, una suerte de salón de los rehusados, que excelentemente montada, y con unos espacios de primera calidad se esfuerza por salir adelante a pesar de que las galerías no aceptadas en ARCO se dedican a quejarse y no a buscar otras salidas. Son más profesionales como plañideras que como galerías. ¿No hay sitio? ¿O no hay otra cosa? Y si no son aceptadas en ARCO, ¿qué pasa? Vayamos a otra feria, en la misma ciudad, al mismo tiempo, llevemos a nuestros amigos y coleccionistas, pasemos la voz, levantemos otras ferias.
En Madrid hay más ferias, se celebra en estos días ESTAMPA, una feria dedicada a la obra gráfica que en su deriva hacia la obra en papel seriada abarca la fotografía, una puerta excelente para enseñar, darse a conocer, vender. Hagamos fuertes las otras ferias y tal vez así la competencia hará que aquellos soberbios de hoy se den cuenta de que los monopolios no son la mejor vía para que el mercado crezca y se haga fuerte.
Pero el esnobismo de unos, y la escasez de miras de otros, hace que las peleas y luchas, los malos modos de algunos en intentar entrar, y de otros en intentar impedirlo, eviten encontrar una solución de crecimiento. ARCO sigue creciendo, en contra de la crisis y de la lógica, en superficie y en precio. No solamente es la feria más grande (por metros cuadrados) del mundo, sino que este año aumenta un 14% el precio del metro cuadrado, a pesar de ser terriblemente cara, sobre todo si tenemos en cuenta que ARCO ya no es ni la segunda ni la tercera feria del mundo en nada, excepto en malas estructuras, pésimo servicio al cliente y, eso sí, en el número de visitantes que no compran y que ya ni siquiera pueden llegar a ver toda la feria, y acaban exhaustos luchando por un pincho de tortilla de patata asquerosa. Eso no sucede en las otras ferias. De la variedad, la oferta, la posibilidad de elegir, es donde el sector tiene que crecer y mejorar. A pesar de todo, los galeristas, esos seres que están siempre en crisis y que sólo hablar de dinero ya les cuesta (sobre todo a los catalanes) siguen luchando por stands inmensos en una feria a la deriva. Busquemos una solución antes de que el diablo se entere de que el mercado estaba muerto.
