Adictos al arte
Autor: Rosa Olivares
Revista: Express, Revista de Información y Debate sobre Arte Actual nº 8
Cuando hablamos de arte parece que buscamos continuamente que nuestros oyentes nos entiendan y, hasta cierto punto, nos perdonen esta absurda dedicación a algo que aparentemente no tiene nada que ver con la vida real. Para muchos el arte, y sobre todo, el arte actual es un simple objeto especulativo en el mejor de los casos. Porque es también un auténtico absurdo, algo incomprensible y, por supuesto, tonterías. Una sarta de estupideces que gente, por lo general joven, hace para llamar la atención. Pero hay un error en todo esto, un error básico que hace absurdo intentar desmentir otros errores (no son jóvenes en su gran mayoría, no son estupideces, no es la especulación el objetivo…). El arte es un espejo, a veces un espejo brutal, en el que todos nos miramos aunque muchos no quieran verse.
Muy pocas veces en la historia de la cultura el arte de una época esta tan directamente relacionado con lo que vive, siente y hace la gente de esa misma época. Y no me refiero sólo a los artistas que se apoyan en la actualidad para construir sus obras, críticas, analíticas, esclarecedoras (ver la entrevista con Martha Rosler), sino a otros que viven aparentemente de espaldas a casi todo, vueltos hacia su propio ombligo que, curiosamente es también el ombligo de todos. Que es mi ombligo. El arte actual, el que se hace ahora para nosotros y tal vez para que alguien dentro de mucho tiempo pueda vernos y comprendernos entre los resquicios que la historiografía deje, está hecho de fragmentos de todos nosotros; sus materiales no son el óleo, ni siquiera el papel fotográfico, sino los sentimientos, la memoria y la piel de cada uno de los que vivimos y vemos a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos. Cuando Andres Serrano dejó de pintar y empezó a hacer fotografía su razonamiento fue tan simple como decir que nunca podría pintar la sangre con tanta realidad y rapidez como con la fotografía. Directo al corazón.
