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Arma de doble filo

3 diciembre 2013 · Por simple

Autor: Fernando Huici March

Revista: Arte y Parte nº 108


Amén que una práctica en todo tiempo, al fin ensimismada, la del arte es también entendida, con igual frecuencia, como senda subordinada al alcance de un objetivo preciso. De entre las numerosas opciones instrumentales que, en definitiva, le confieren la forma espectral de una de esas archiconocidas navajas multiuso del ejército suizo, para este número de la revista hemos optado por explorar, en paralelo, dos, de entre sus caminos más transitados: el, hoy tan traído, del llamado arte político y aquel que persigue una indagación de orden espiritual. Arma de doble filo, tal vez sean, como en el jardín del cuento de Borges, senderos que se bifurcan, mas, quizás también, en el infinito, puede que coincidan en un único y punzante extremo.

Puede producir un cierto vértigo definir como arte político la mirada cargada de sustancia poética que distingue a la obra de un cineasta mayor como Chris Marker, dado el rubor al que comúnmente asociamos tanta quincalla retórica como suele barrerse bajo la alfombra de un calificativo tal. Pero los filmes de Marker lo son en el grado más puro de excelencia que quepa atribuir a ese epíteto. Desde el feroz alegato anticolonial que tejió, en temprano «mano a mano» con Alain Resnais, con Las estatuas también mueren, a ese postrer regalo, joven por igual, que había de legarnos, cumplidos ya los 88, con su poema sobre la rebelión de los atenienses frente a la infamia del expolio económico en Semillas de diciembre, el director francés disecciona la trama de esa implacable violencia que el hombre impone a sus pares, pero, más allá, como bien nos desvela aquí Alberto Ruiz de Samaniego acerca del autor de la deslumbrante Sans Soleil, persigue ante todo el rastro de cuanto hace latir su corazón.

A la par que pintor y escultor, el marsellés Honoré Daumier centró su invención más memorable en el punzante idioma de lo grotesco, merced al uso genial que haría de un arma cargada de futuro como era, de la década de 1830 en adelante, la litografía y su mordiente papel en las revistas satíricas de la época. Las caricaturas de Daumier emplearon sin empacho su aguijón en monarcas, magistrados, políticos y próceres de todo pelaje, pero no olvidaron el nuevo papel que la burguesía asumía como público por excelencia de un arte secularizado. A esta última vertiente del cosmos de Daumier, la de los Salones y avatares de la escena artística, dedica precisamente su atención el jugoso texto que Luis Puelles ha realizado en esta nueva ocasión para Arte y parte.

Caso con toda seguridad único e irrepetible en todo el relato de la plástica contemporánea, el de la pintora sueca Hilma af Klint es, ante todo, el de una artista espiritual químicamente pura. Durante toda su vida, y aun hasta transcurridos veinte años tras su muerte, se negó a que se hiciera público lo esencial de su trabajo creativo. Una obra edificada exclusivamente a partir de fuentes ligadas al espiritismo, la teosofía y la antroposofía de Steiner, y que, ajena por entero a todo conocimiento de lo que se iría cociendo en los círculos de la vanguardia europea del primer cuarto del pasado siglo, iba a anticipar por su cuenta en años muchas de las vías exploradas en la invención de las sintaxis de la abstracción. Gran dama pues de una modernidad otra, su insólita personalidad y su obra enigmática han sido felizmente rescatadas en el curso de estas últimas décadas, y aún nos deparan incontables interrogantes.

Y, completando esa segunda vertiente de nuestro sumario, rescatamos la documentación esencial de una polémica que, justo a mediados del pasado siglo, fue pionera llamada de atención acerca del largo manto de olvido que había sepultado un hecho clave en el relato de la vanguardia heroica. A saber, el papel crucial que el movimiento simbolista y las corrientes coetáneas del pensamiento espiritual habían tenido en la génesis de la ruptura propiciada por los grandes pioneros del salto a la abstracción. En la citada polémica, Nina Kandinsky, viuda del artista, y Will Grohmann, uno de los grandes especialistas tempranos en el maestro ruso, se enfrentan a los argumentos del crítico lituano Aleksis Rannit y a la afirmación de que su compatriota, el compositor y pintor M. K. Čiurlionis, había hecho obras abstractas años antes que Kandinsky y había ejercido en él una influencia decisiva.

La sección Arte y Edición centra su mirada para el presente número en un legendario clásico contemporáneo de la escritura experimental en nuestro país. Javier Maderuelo nos sitúa así las claves de la radical apuesta que José Luis Castillejo trazó en 1969, con despojado negro sobre abismo blanco, en la edición de The Book of i‘s.

Por último, partiendo de las claves de la tan firme e íntima complicidad que les unía, el pintor Juan Uslé evoca para nuestros lectores el perfil del poeta, traductor y crítico de origen británico Kevin Power, fallecido el pasado agosto en Santander, quien eligió desarrollar lo esencial de su aventura intelectual en tierra española.