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Atrapados en la red

1 enero 2000 · Por simple

Autor: Cecilia Ballesteros

Revista: FP. Foreign Policy edición española nº 10


Cuando estalló el boom de Internet, en origen un proyecto del Departamento
de Defensa de EE UU, con la salida a bolsa de Netscape hace 10 años, conceptos
como correo electrónico, página web, buscador –to google se
ha convertido en un verbo en inglés–, puntocom o puntoes, blog (bitácora),
Wi-Fi, línea ADSL, wiki (páginas web que pueden ser editadas por
cada usuario) o diario digital eran desconocidos. El escritor y poeta francés
Paul Valéry aseguró que un campesino del siglo XIII encontraría
menos cosas extrañas si viajase al siglo XIX que uno de finales de ese
siglo trasladado a las primeras décadas del XX. Ahora ese tipo de transformaciones
aceleradas se producen en cuestión de años.

Pocos instrumentos han introducido tantos cambios en la vida cotidiana y laboral
como la combinación de los ordenadores personales con Internet; pero es
un fenómeno que sólo acaba de empezar. Los auténticos efectos
de la World Wide Web son los que se producirán en las próximas décadas,
porque todavía, incluso en Occidente, el acceso sigue siendo relativamente
moderado: hay casi mil millones de internautas en el mundo, aunque apenas un 31%
de los españoles entró en la Red en 2004 (frente al 56% de la media
de la Unión Europea).

“Internet y sus tecnologías asociadas son capaces de transformar
la sociedad. Lejos de haberse acabado, el ordenador y la revolución de
las telecomunicaciones que ha generado no ha hecho más que empezar. Esas
tecnologías cambiarán casi todos los aspectos de nuestra vida, privada,
social, cultural, económica y política. En algunas áreas
los cambios podrían ser marginales, pero en la mayoría serán
profundos y sin precedentes en la historia de la humanidad”, ha escrito
Lawrence Lessing, profesor de la Universidad estadounidense de Stanford. “Hasta
ahora, la vida y la Red eran dos mundos separados. En el futuro, se irán
acercando cada vez más. La Web será omnipresente, aunque la gente
no llegue a tener conciencia de ello”, dice Julio Alonso, empresario de
las nuevas tecnologías, consultor estratégico y uno de los bloggers
españoles más conocidos.

En un informe del Pew Internet & American Life Project, Imagining the Internet
(Imaginar la Red), publicado a principios de este año, 1.200 eminencias
entre las que se encontraban desde el cofundador de la compañía
Apple, el visionario Steve Jobs, hasta el autor de Parque Jurásico, Michael Crichton, respondieron a un cuestionario de 24
preguntas sobre el futuro de la Red. La mayoría de los expertos consultados
por este prestigioso instituto de investigación de Washington confirmaba
lo que cualquier atento estudioso de la comunicación global ya sabe: que
la industria editorial y la de los medios van a sufrir cambios brutales en los
próximos tiempos. También estaban de acuerdo en que la educación
y la vida laboral se van a ver profundamente afectadas. “Internet no estará
en la escuela. Será la escuela”, explica en el informe Bob Metcalfe,
inventor de las redes de Ethernet y fundador de 3com.

SISTEMAS VULNERABLES

Pero la dependencia de Internet y de las máquinas también significa
inseguridad. Que nos librásemos del efecto 2000 no significa que nuestro
sistema global de comunicaciones no sea vulnerable. El 66% de los expertos del
Pew estaba de acuerdo en que habrá al menos “un ataque devastador
en los próximos años contra la infraestructura de la Red”,
una ofensiva mucho más eficaz que cualquiera de los virus que circulan
actualmente por la autopista de la información.

En una investigación prospectiva encargada por la CIA sobre lo que ocurrirá
de aquí al año 2020 (Mapping the global future), los servicios de
inteligencia estadounidenses señalaron que “un número creciente
de actores, incluidos los terroristas, va a lanzar ciberataques contra los nodos
de la infraestructura de las comunicaciones mundiales, incluyendo Internet, y
las redes de ordenadores que controlan procesos industriales claves, como la electricidad,
las refinerías y el agua corriente”.

Más allá de estas visiones catastrofistas –por ahora futuristas–,
el impacto de la Red sobre la vida cotidiana es cada vez más intenso, sobre
todo, en aspectos como el ocio y el consumo. En las últimas Navidades,
por ejemplo, los estadounidenses gastaron en compras por Internet 23.000 millones
de euros, un 25% más que en el mismo periodo del año anterior, según
la consultora Goldman Sachs. Estas cifras contrastan todavía con las de
España, donde sólo medio millón de personas compraron a través
de este sistema por un valor de 1.837 millones de euros (con una media de 464
euros por cabeza), aunque el país se ha convertido ya en el líder
europeo de reservas turísticas online.

El periodista Francis Pisani, profesor de la Universidad de Berkeley, en California,
y columnista sobre nuevas tecnologías, explica algunos de los cambios que
se vivirán en las próximas décadas. “El futuro será
móvil y de banda ancha. El cambio mayor lo constituirá el acceso
a partir de aparatos móviles (teléfonos portátiles y PDA,
más lo que inventarán entre medias). La mayor dificultad podría
resultar del surgimiento de nuevas redes con capacidades mucho mayores, pero que
plantearán problemas de interoperabilidad y de fragmentación”,
señala, antes de dar un ejemplo concreto: “Las tecnologías
de localización a partir de la telefonía móvil, que permite
a quien se desplaza acceder rápidamente a los comercios de la zona y, por
qué no, a los amigos y conocidos que se encuentren por ahí en ese
momento. De la misma manera, dará oportunidad a las tiendas de la calle
de identificar a quienes pasen por delante y proponer ofertas ajustadas a sus
gustos. Estamos en los inicios de las tecnologías electrónicas de
comunicación que posibilitan transmitir cualquier tipo de dato y a cualquier
usuario obtener la información cuando quiera allí donde esté,
así como comunicarse con quien desee o ser ubicado sin interrupción
por empresas y autoridades”, agrega este periodista francés en unas
palabras en las que resuena de forma inquietante el eco del Gran Hermano de Orwell.

REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

Sin embargo, por ahora, la Red ha representado una revolución democrática
que gobiernos tan aficionados a controlar la información como China o Irán
no han podido impedir del todo. El acto, mantenido durante siglos, de abrir un
periódico de papel puede cambiar definitivamente, no sólo por el
aumento de lectores de las ediciones digitales, sino por los blogs y la llamada
democratización de la información: el periodismo 3.0.

Un estudio de la Brookings Institution asegura que el número de lectores
online de The New York Times sobrepasa con creces a los de la versión impresa
y, según Nielsen/NetRatings, uno de cada tres internautas estadounidenses
(29%, unos 44 millones de personas) leyó un periódico virtual en
marzo de 2005. El Estudio General de Medios (EGM) en España aseguró
que en 2004 la lectura de diarios electrónicos se incrementó en
un 183% desde 2001, frente a una subida total en la Red del 67%. También
la Web proporciona el acceso a miles de fuentes directas en todo el mundo, desde
la ONU hasta el Pentágono, a las que llegar antes de la época digital
era como atravesar un laberinto. “El futuro de los medios de comunicación
dependerá de si los propietarios de las empresas informativas que se dedican
a cubrir las necesidades de los ciudadanos en las sociedades democráticas
pueden encontrar un modelo económico que soporte al número de personas
necesarias para recoger, verificar y organizar la información en el futuro”,
asegura desde Washington Bill Kovach, coautor junto a Tom Rosentiel del libro
de cabecera de miles de informadores, Elementos de periodismo (Ed. Aguilar, Madrid,
2003), y creador del proyecto journalism.org, que agrupa a periodistas de todo
el mundo preocupados por el futuro de la información veraz e independiente.

“Como Internet nació libre, todo esto va a ser una transición
difícil. La Red ha extendido la información de forma brutal y ha
dado voz a esos millones de personas que antes no la tenían, pero con la
democratización se ha producido un proceso muy extraño: ‘publica
primero y espera después la confirmación’. En otras palabras,
el mundo libre de la producción de información está lleno
de cotilleos, rumores, propaganda y opinión que se mezclan con hechos comprobados
de una forma que resulta imposible de discernir para el consumidor. Una base informativa
de este tipo no puede sustentar una opinión pública informada”,
agrega Kovach.

Otro gurú de la comunicación, el columnista Dan Gillmor, uno de
los pioneros del movimiento blogger y autor de We the media (Nosotros los medios),
se muestra más optimista que Kovach. “Una parte del futuro del periodismo
será conversación. Hasta ahora, ha sido lectura, pero Internet nos
permite aprender y discutir las cosas juntos”, asegura. “ Los periodistas
pedirán más a sus lectores, espectadores y oyentes en el futuro.
Sabremos lo que saben y ellos nos ayudarán a hacer mejor periodismo y los
antiguos lectores comenzarán a hacer el suyo propio. El resultado es que
los medios se convertirán en un ámbito más complejo y confuso,
pero seguro que más rico”. El periodismo está sufriendo la
transformación más radical que, sin embargo, muchos profesionales
clásicos no quieren ver. La mayoría de los grandes rotativos cuenta
ya con sus propios blogs (en muchos, como el británico The Guardian, escribe
incluso su director, que explica a los lectores las decisiones editoriales). Los
programas de las emisoras de radio se ofrecen cada vez más en formato mp3,
para que los oyentes puedan descargárselos cuando quieran en sus reproductores,
lo que permite crear una radio a medida, independientemente de lo que programen
sus productores: el podcasting. Los sistemas RSS (Really Simple Syndication) informan
de los cambios que se producen en las distintas páginas web sin necesidad de entrar repetidas
veces. Este fenómeno ya se conoce en EE UU como Daily Me (Mi diario).

Pero la verdadera revolución está en que todos estos avances tecnológicos
hacen realidad el periodismo participativo (como muestra, el digital surcoreano
OhmyNews, con 36.000 periodistas– ciudadanos que escriben unas doscientas
historias diarias). Otro ejemplo lo ofrece el último conflicto en que está
inmerso Estados Unidos. La guerra de Irak no está siendo la mejor cubierta
de la historia por los llamados “empotrados”, sino por la proliferación
de blogs y de nuevos medios, tanto de los propios informadores, que no encuentran
espacio en sus empresas para contar sus historias, como de los soldados. Sin la
fotografía digital y la inmediatez del correo electrónico vía
satélite, no hubiesen existido las imágenes de Abu Ghraib (también
es verdad que tampoco se hubieran difundido las torturas sin el periodismo clásico
de 60 Minutes y sin las crónicasde Seymour Hersh para New Yorker).

Irak es el primer conflicto en el que miles de soldados estadounidenses tienen
la posibilidad de comunicarse con su familia y amigos, pero también con
el resto del mundo, a través de la Red y del teléfono móvil
sin posibilidad de censura previa. “El debate bloggers versus periodistas
ya no es relevante”, asegura Rob Runnett, director de contenidos electrónicos
de la poderosa Asociación de Periódicos de EE UU (NAA, en sus siglas
en inglés). “Ambos están muy cerca cuando tratan información
política y en otros ámbitos. Pero en muchos casos las bitácoras
hablan de la vida cotidiana. Tratan temas jugosos y divertidos que no compiten
con el trabajo diario de los periodistas. Algunos observadores temen que la gente
recurra sólo a los bloggers para informarse. No creo que sea cierto. Nadie
ve sólo una cadena de televisión o lee una sola revista. La gente
quiere un bufé de opiniones y sabores, y la Web no es diferente”.

YA NO TIENES UN ‘E-MAIL’

El crecimiento de los medios digitales ha traído y traerá consigo
un aumento de la publicidad, aunque su peor vertiente (el spam o co basura) puede
poner en peligro uno de los avances más utilizados hasta ahora y uno de
los más democráticos, ya que ha rebajado y simplificado hasta extremos
inauditos el coste de las comunicaciones: el correo electrónico.

Según el informe del Pew, en 2014 el correo electrónico, que por
entonces será inoperativo a causa de los gigabytes de spam, no existirá
como lo conocemos ahora y habrá sido reemplazado por comunicaciones en
directo a través de la Red entre dos personas. “En Corea del Sur
y en Japón, por ejemplo, los adolescentes ya no utilizan el e-mail, que,
para ellos, ha pasado a ser una forma de comunicación obsoleta, que sólo
se emplea con los abuelos”, dice Julio Alonso, quien explica que en su empresa,
sin sede física y en la que trabajan unas cuarenta personas, todos se comunican
por telefonía instantánea, messenger, wikis, blogs y otras tecnologías
aún no muy conocidas.

Lo que está claro es que el despacho y las jornadas de 9.00 a 18.00 se
van a acabar. Aunque no hay todavía ningún estudio sobre la rentabilidad
de estas nuevas formas de trabajo, parece indudable que los empleados dedicarán
más horas a su tarea por el mismo salario y las empresas ahorrarán
costes. De momento, se calcula que sólo 10 millones de personas trabajan así
en el mundo, pero las nuevas generaciones de aparatos y la generalización
del Wi-Fi harán que cualquiera esté disponible las 24 horas, ya
sea en un café de Madrid, en un restaurante de Nueva York o en una playa
de Copacabana.

La división entre vida pública y vida privada pasará a la
historia o, al menos, eso auguran los más pesimistas. “Lo interesante
de estas cuestiones”, explica Francis Pisani, “es que invitan a considerar
que una tecnología hoy esencial como el correo electrónico no es
algo con lo que podremos contar para siempre. Individuos y empresas tienen que
acostumbrarse a cambios mucho más frecuentes de lo que hemos conocido en
el pasado. Internet puede sufrir accidentes y retrocesos como Europa o la globalización,
por ejemplo. Esto es salir de la modernidad”, agrega.

CREATIVIDAD Y DERECHOS

Uno de esos efectos no deseados ha sido la piratería, la posibilidad de
encontrar en Internet La venganza de los sith el mismo día de su estreno
y descargársela, a través de los servidores P2P (peer to peer, persona
a persona, intercambios entre usuarios que practican más de cien millones),
en cualquier lugar del mundo. El informe del Pew señala que en la próxima
década se producirá un estallido de creatividad sin precedentes
en Internet, que utilizarán miles de creadores para compartir sus contenidos
artísticos. El concepto de derechos de autor que conocemos habrá
cambiado de forma radical ya que, además, los analistas consideran en su
mayoría que no se logrará frenar las redes P2P, pese a la reciente
sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que sostiene que las empresas
de software fabricantes de esta tecnología podrían ser juzgadas
como responsables del uso ilegal que le den los usuarios. “Hay varios tipos
de visiones sobre lo que ocurrirá con los derechos de propiedad intelectual,
aunque la mayoría cree que la sociedad cambiará y se acomodará”,
asegura el informe.

Las compañías de comunicaciones también tendrán que
adaptarse al futuro: cada segundo 10 personas se descargan el programa Skype,
que permite hablar por teléfono a través de la Red gratis o a precios
ridículos (dos céntimos minuto), que ya tienen 71 millones de usuarios.
Como explicaba recientemente su creador, Niklas Zennströn, “las grandes
compañías telefónicas van a tener que cambiar su negocio”.
Este informático sueco es también el inventor del protocolo P2P
más popular, KaZaa, que se ha instalado más de 370 millones de veces
en los ordenadores y permite el intercambio gratuito de canciones, películas
y otros archivos.

Y no sólo los gigantes de la telefonía. Los grandes cambios tendrán
lugar en todos los campos de la producción humana. Como ha dicho Howard
Rheingold, autor de Smart Mobs: The Next Social Revolution (Multitudes inteligentes:
La próxima revolución social), el mundo estaría ante los
comienzos de un nuevo orden económico, con la Red y los aparatos móviles,
que ha producido fenómenos como la tienda virtual eBay (61 millones de
usuarios), con todas las consecuencias que se derivarían. “Es similar a lo que ocurrió con la conjunción de factores
que hicieron posible el capitalismo”, aseguró recientemente Rheingold,
que ahora lidera Cooperation Project, una organización formada por académicos
y empresarios que trata de desentrañar cómo será esta nueva
realidad. “Lo que es indudable es que contribuirá a expandir la globalización”,
señaló.

Todo este despliegue entraña un peligro evidente porque cada vez más
datos de millones de ciudadanos circulan por la Red y los expertos de Pew prevén
que se incrementarán en los próximos años las detenciones
a través de una vigilancia constante de la misma, que será ejercida
tanto por los gobiernos democráticos como por los regímenes autoritarios.
Y no sólo esto. Además de estar interrelacionados por múltiples
ingenios, algunos científicos especulan con que muy pronto todos, seres
humanos y animales domésticos, llevaremos bajo la piel chips de identificación
por radiofrecuencia (RFID), una especie de DNI digital del tamaño de una
pegatina en el que podrá grabarse, por ejemplo, la historia clínica
de un sujeto. “Ahora nadie sabe qué significan las siglas RFID. Dentro
de 10 años, todo el mundo lo sabrá”, asegura un investigador. Sin contar con que, según la consultora tecnológica Forrester Research,
unos 14.000 millones de pequeñas cámaras de vídeo estarán
conectadas a la Red en 2010 en todo el planeta. Parece cada vez más claro
que nos encaminamos hacia una sociedad conectada de forma permanente. Donde llegue
este proceso dentro de 20 o 30 años, tal y como se preguntaba el semanario
The Economist, no importa. La pregunta es: ¿qué finalidad queremos
dar a esta tecnología?

APOCALÍPTICOS E INTEGRADOS

Frente a teorías conspirativas, Tim O’ Reilly, uno de los mayores
editores de literatura informática y el creador del primer portal web,
cree que la Red facilitará lo que él llama “una arquitectura
de la participación”, que convertirá a millones de ciudadanos
anónimos en una fuerza sin precedentes en la historia. Todo es posible:
desde el simple hecho de compartir un archivo hasta montar una manifestación
espontánea o aupar a un candidato a la presidencia de la Casa Blanca en
contra del aparato del partido (como ocurrió con el aspirante Howard Dean
en las últimas primarias demócratas).

Otros, como sostiene un reciente estudio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación
Blanquerna de la Universidad Ramón Llull (Barcelona), creen que el potencial
subversivo del ciberespacio ha que dado reducido por el momento a un enorme supermercado
planetario al que sólo accede una pequeña parte de los consumidores. “Creo, como muchos, que la privacidad está muerta o en peligro de muerte”, asegura Pisani. “Y en esto debemos culpar más a las
little sisters, que son las empresas privadas, que al Gran Hermano Estado. Sin
embargo, a diferencia de Scott McNealy (presidente de Sun Microsystem), que dice
‘acostúmbrese’, debemos luchar contra ello, conseguir todos
los controles democráticos e imponer el respeto que se nos debe. Ciertos
países de Europa se preocupan por preservar la vida privada de sus ciudadanos,
y sería una lástima que se echaran atrás y aceptaran otro
modelo. Es una de las grandes batallas de la democracia de hoy y de mañana”.
¿El futuro deparará comunidades de usuarios libres y bien informados
o simples conglomerados de consumidores? En muchos aspectos, este debate recuerda
al viejo discurso de lo que Umberto Eco llamó “apocalípticos”
e “integrados” en la anterior revolución tecnológica,
con el nacimiento de la comunicación de masas en la década de los
60. Internet transformará la sociedad como ocurrió entonces, y,
como ocurrió entonces, los Gobiernos serán incapaces de controlar
ese flujo de información que, en muchas ocasiones, antes y ahora, acaba
por volverse contra ellos.

EL ABISMO DIGITAL

El futuro ya está aquí, sólo que está muy poco distribuido”,
escribió William Gibson, el novelista estadounidense de ciencia-ficción
que utilizó por primera vez el término “ciberespacio”
en su obra Neuromante (1984). En un planeta donde 2.600 millones de personas
no tienen acceso al agua corriente y otros 1.000 millones sobreviven con menos
de un euro al día, la frase de Gibson no es un brillante juego de palabras,
sino una dura realidad. En la actualidad, sólo el 20% de la población
mundial (la mayoría en los países ricos) tiene acceso a la Red,
aunque se prevé que la conexión de alta velocidad será
prácticamente gratis en Occidente para 2008, lo que contribuirá
sin duda a popularizar su utilización, que depende de factores como el
sexo, la raza, la educación o la renta. Esto, en el llamado primer mundo,
porque, según un informe de la CIA, en el año 2020, sólo
India y China habrán llegado a la llamada revolución tecnológica.
El resto, con una tasa prevista de analfabetismo para entonces 17 veces superior
a la de los países de la OCDE, en especial entre las mujeres, tendrá
que seguir esperando.

ALGO MÁS

El informe completo de Pew Internet & American Life Project, así
como el listado de participantes en la encuesta, está disponible, en
inglés, en su página web (www.pewinternet.org), y el de la CIA,
en www. cia.gov/nic/NIC_globaltrend2020.html. Para conocer los comienzos de
la Red y de sus creadores, los mejores libros son Where Wizars Stay Up Late:
The Origins of Internet, de Katie Hafner y Matthew Lyon (Touchstone, Nueva York,
1998), y Tejiendo la Red: el inventor del World Wide Web nos descubre su origen,
de Tim Berners-Lee (Ed. Siglo XXI, Madrid, 2000).

El sociólogo español Manuel Castells también aporta su
visión sobre los cambios que atraviesa la sociedad del conocimiento,
un tema poco tratado en castellano, en su trilogía La era de la información:
economía, sociedad y cultura, que actualiza constantemente (Alianza Editorial,
Madrid, 2004). A los amantes de la ciencia-ficción les interesará
especialmente Neuromante (Círculo de Lectores, Barcelona, 1998), en la
que el visionario William Gibson adelanta en unos cuantos años la aparición
del ciberespacio desde una perspectiva cyberpunk.

El manifiesto programático del llamado periodismo 3.0 es We the Media:
Grassroots Journalism by the People, for The People (Ed. O´Reilly, California,
2004), del columnista estadounidense Dan Gillmor, que también mantiene
un blog sobre periodismo participativo y otras cuestiones en bayosphere.com/blog/fan
gillmor. Just a Geek (Ed. O´Reilly, California, 2004), de Wil Wheaton,
fue el primero que habló del fenómeno de los blogs ,y Hackers&Painters:
Big Ideas from the Computer Age (Ed. O’Reilly, California, 2004), de Paul
Graham, se centra en la intersección entre tecnología y sociedad.
Para saber cómo serán el trabajo y la organización comunitaria
del siglo XXI, nada mejor que Multitudes inteligentes: la nueva revolución
social (Ed. Gedisa, Barcelona, 2004), de Howard Rheingold, que revisa y actualiza
aspectos ya tratados en La comunidad virtual: una sociedad sin fronteras (Ed.
Gedisa, Barcelona, 1996). Desde el punto de vista político, resulta revelador
el libro de Joe Trippi The Revolution will not be televised (HarperCollins Publishers,
Nueva York, 2004), en el que el director de la campaña del aspirante
demócrata a la presidencia de EE UU, Howard Dean, cuenta cómo
utilizó la Red para las primarias del partido.

La mejor librería virtual de obras sobre la Red y las nuevas tecnologías
es oreillynet.com, de Tim O´Reilly, que también publica artículos
online. Entre los casi 80.000 blogs que ya existen en España, destacan
el de Julio Alonso (www. merodeando.com), dedicado a los aspectos más
innovadores de la autopista de la información, y el de Juan Varela (www.periodistas21.com),
galardonado con el premio al mejor blog periodístico español en
2004 por la Deutsche Welle.