Editorial

Autor: Vivian Loría

Revista: Numen Revista de Arte nº 8


Símbolo por excelencia de la perfección intemporal del arte, la belleza de los mármoles clásicos abre nuestro nuevo recorrido por la plástica. Esta escultura antigua esconde numerosos secretos sobre obras maravillosas desaparecidas, que establecieron modelos que han sido copiados a lo largo de los siglos. Se componía de una gran variedad de géneros, como nos lo descubre Stephan F. Schröder, jefe del Departamento de Escultura Clásica y del Renacimiento del Museo Nacional del Prado, en Madrid.

El Renacimiento italiano bebió de las fuentes de la cultura clásica para construir un poderoso repertorio artístico en el que brillan muchos de los artistas más admirables de todos los tiempos. Tiziano, Tintoretto y Veronés, junto a artistas como Jacopo Bassano, son ejemplo del apogeo de aquel período en Venecia, uno de los centros artísticos más dinámicos de la Italia renacentista. En la obra de aquellos creadores se resolvió el enfrentamiento entre la tradición del dibujo centroitaliano y la tradición colorista veneciana, los dos pilares de la pintura del Cinquecento. Arturo Galansino, colaborador científico del Departamento de Pinturas del Musée du Louvre, en París, nos ofrece un interesante acercamiento al sistema de concursos y de encargos que explica los equilibrios de fuerzas entre las poderosas personalidades artísticas que coincidieron en la Venecia del siglo XVI, y reflexiona también sobre las formas de la emulación y las influencias recíprocas que se traslucen en las obras de aquellos maravillosos pintores.

Gretchen Hirschauer, conservadora adjunta de Pintura Italiana y Española de la National Gallery of Art de Washington, aborda, por su parte, la obra de Luis Meléndez, un maestro del bodegón que creó escenas de una meticulosidad extraordinaria, en las que los más sencillos objetos adquieren la dimensión de lo sublime gracias a la observación detenida y a la habilidad del artista para plasmar sus más sutiles detalles.

Karine Huguenaud, responsable de las colecciones de la Fondation Napoléon de París, se ocupa de cómo Napoleón Bonaparte supo poner al servicio de la propaganda de su poder las manifestaciones más refinadas del arte y de las artes decorativas, prestando especial atención a sus retratos, en los que prefería mostrar su faceta marcial, como jefe militar del Imperio.

Finalmente, ofrezco por mi parte a los lectores un recorrido por los más exquisitos ejemplos de la porcelana de Sèvres pertenecientes a la Colección Real de la Corona de Inglaterra. Fausto, encanto y extravagancia se unen en estas maravillosas joyas que han dado a la manufactura francesa su justificada fama.

Para acabar, nuestras habituales secciones de Caleidoscopio y Libros permitirán al lector recorrer las más interesantes exposiciones para luego sumergirse en el mundo de los más hermosos libros.