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El bufón y el cardenal. L.Bassi, S.Sierra y la crisis de las caricaturas de Mahoma

1 enero 2000 · Por simple

Autor: Francis Gil

Revista: El Viejo Topo nº 220


Ante la crisis de las caricaturas de Mahoma, la izquierda –sobre todo en España– ha reaccionado mayoritariamente de una forma “políticamente correcta”, destacando el contexto de la crisis y valores como la “tolerancia”. Quizá por eso esa misma izquierda ha optado por esconder la cabeza bajo el ala cuando a Leo Bassi le han puesto primero una bomba en el teatro y le han obstaculizado la representación de su obra después.

Lo que he escrito, escrito está . Juan. 19, 22.

¿Por qué vuestra Ley necesita estar escrita?

¿Por qué vuestra justicia necesita de la Ley?. La Polla Records.

La evidente hegemonía judeocristiana en Europa occidental (existen unas 8.000 sectas, aproximadamente, que se autodenominan cristianas ) y la reinstauración de la sharia en el área de influencia islámica nos han dejado un extenso catálogo de restricciones de orden jurídico/moral (la homosexualidad, el sexo recreativo, el adulterio, la interrupción voluntaria del embarazo, etc.) articuladas a través de diferentes mecanismos de coacción o punición.

Como es sabido, las tres grandes religiones monoteístas comparten la misma estructura y gran parte de un mismo relato ideológico. Es decir, parten de un meta-relato que se prolonga –con variaciones e interconexiones– en los “ libros sagrados ” –la Biblia , el Corán , y la Torah . Cada discurso religioso adapta el “gran-relato” a sus necesidades histórico-políticas y se pone al servicio de l as correspondientes elites geoteológicas .

La autonomía relativa de las representaciones simbólicas

Cuando el conflicto entre religión y representación se manifiesta en forma de censura no se trata de una cuestión teológica – si así fuese, la misma “blasfemia”, la “herejía”, afectaría por igual a las tres religiones monoteístas, lo cual sería imposible gestionar políticamente – , sino una batalla por la autogestión de la representación simbólica.

Tres “casos” ilustran esta afirmación: 1º) La retirada –antes de la representación– de las subvenciones públicas y las “ ayudas privadas ” al festival que programó la obra de Leo Bassi – La Revelación – en Toledo (España). 2º) La exposición de Santiago Sierra –“ 245 metros cúbicos ”– en Pulheim (Alemania) “suspendida” por las “autoridades políticas” hasta que “ el artista comparezca ante el Consejo Central de los Judíos en Alemania y este dictamine sobre la misma ”. 3º) La publicación a finales del 2005 de una serie de caricaturas de Mahoma en el periódico Jyllands-Posten (Dinamarca), que se convierte en febrero de 2006, en una “crisis diplomática internacional”. En los tres casos el resultado ha sido el mismo: la imposición política e institucional del “respeto a las creencias religiosas” ante el “relativo” derecho a la libertad de expresión.

La cuestión de fondo, por tanto, es: a) ¿Puede mantenerse una posición laica coherente en defensa de la “libertad de expresión” –por muy limitada que ésta esté bajo el capitalismo– frente a la censura religiosa presentada como “respeto a la fe religiosa”? b) ¿Es posible desde el laicismo permanecer neutrales, sin resultar ridículamente ajenos, en la guerra geoteológica total ? c) ¿Pueden, a través de la recuperación del ateísmo teórico-práctico como alternativa global –y haciendo valer su 15%–, conseguir ls ateos que se les considere como minoría de obligado respeto por todo Estado, e invalidar así toda posibilidad de teocracia potencial?

Estas tres interrogaciones tienen relación con un artículo del iconoclasta Zizek ( El Mundo , 16/3/06) que plantea la cuestión de las caricaturas de Mahoma desde una perspectiva muy sugerente:

Y es que el respeto a las creencias del otro como valor máximo no puede significar más que una de estas dos cosas: o tratamos al otro con una actitud de condescendencia y evitamos herirle a fin de no echar por tierra sus ilusiones o adoptamos la actitud relativista de la multiplicidad de verdades, con lo que se descalifica, por su carácter de imposición violenta, cualquier insistencia indubitada en la verdad.

Pero Zizek sabe, como buen postsituacionista, que en las sociedades-espectáculo es tabú cuestionar la legitimidad de “cualquier opinión”. Sólo el respeto condescendiente al Otro supera en “valor moral” al “aséptico juicio del experto”. Esto provoca que, cuando una comunidad (término premeditadamente ambiguo), o minoría (los judíos son el 0,2% del total mundial de fieles religiosos, los musulmanes el 20%, los cristianos el 35%, hagan sus cálculos) se “siente ofendida” (y lo subjetivo de lo sensible es crucial), el Estado se vea obligado a intervenir como censor. Es decir, aunque formalmente las religiones no poseen instrumentos censores directos, el recurso a la ofensa de la sensibilidad de una comunidad abstracta (acompañado del derecho a la libertad de expresión de sus clérigos) es utilizado como medio de presión política. Por tanto, lo que habría que limitar es el derecho de expresión de los clérigos sobre asuntos ajenos a su territorio –es decir; ajenos a Dios– y no la libertad de expresión en general . La estrategia diplomática ha sido la contraria, ampliar hasta el absurdo la libertad religiosa en función del pánico a una agudización de los conflictos abiertos.

El “caso Sierra” es un ejemplo inmejorable de esta maniobra de limitación de la libertad de expresión general a través de la ampliación de las libertades religiosas . La autodefensa de las “víctimas religiosas” ante sus supuestos agresores obliga a un productor cultural a pasar un filtro teológico, una censura obvia, a través de una operación de inversión de los roles. La legitimidad de una práctica artística que tenga por objeto de discurso una determinada minoría (o su historia) sólo puede ser otorgada por los representantes oficiales (reconocidos institucionalmente) de dicha minoría. Una vez más, las religiones se auto-víctimizan para conseguir su objetivo: mantener la hegemonía en la gestión política de su auto-representación.

El monólogo del cardenal y el “caso Bassi”

La escena es altamente simbólica: El arzobispo de Toledo –flamante cardenal Vaticano– en su homilía del domingo 11 de marzo y con la asistencia del alcalde de la ciudad y presidente regional del PP, José Manuel Molina, el embajador de EEUU en España, Eduardo Aguirre (católico de origen cubano) y un nutrido grupo de miembros del Opus Dei , practica la guerrilla de la comunicación : La obra de Leo Bassi ( La Revelación ) programada para el siguiente sábado en un festival teatral local, es, según afirma, un “ atentado contra la fe cristiana ”, una “ blasfemia ”, una obra “ anticristiana ”. La hipersensibilidad estética del arzobispo abre el “proceso”.

El lunes el ayuntamiento comunica la retirada de la subvención al festival. Bassi se convierte en mercancía política. La prensa comienza a trabajar en la lógica prevista: ¿Consentirá la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (PSOE) que una obra de teatro “ anticristiana ” se financie con dinero público (la Junta también subvenciona el evento) y se represente en instalaciones públicas (el Festival utiliza la Escuela de Artes de Toledo como escenario)? La interrogación es lanzada desde diversos ámbitos “seglares”, que además hacen un llamamiento a la movilización de los católicos (similar al que han realizado los Guerrilleros de Cristo Rey).

Por su parte, a Antonio Miguel Méndez Pozo (Michel), el hombre clave del cardenal, (socio español de Cisneros, el amo de los media en América Latina, cercano al PP, Presidente de Antena3 en Castilla y León, socio del Grupo Prisa y constructor implicado en “el caso Burgos” por el que entró en prisión, supuestamente para “tapar” a su “ gran amigo ” el ex-presidente Aznar) dueño de Promecal (con seis cabeceras de su diario La Tribuna en Castilla-La Mancha y una docena de televisiones locales en Castilla y León), le interesa lanzar la polémica, convenientemente sobredimensionada, sobre las inestables relaciones entre la iglesia católica y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCM).

Tras la marcha de José Bono (amigo de Méndez Pozo), católico fervoroso que ha hecho gala de un confesionalismo institucional excesivo, incluso para una región eminentemente rural y conservadora, donde la derecha formal (PP) ha sido incapaz, ¡durante más de 20 años!, de capitalizar siquiera a los católicos más devotos gracias a las constantes muestras de folklore religioso del ex-presidente, Méndez Pozo ha perdido la línea directa con el Palacio de Fuensalida (sede del Gobierno autonómico). En el trío Bono-Michel-Cisneros, dedicado, de momento, a la altruista tarea de construir residencias de ancianos a través de la constructora Río Vena (propiedad de Méndez Pozo), Bono tiene la función de mediador dentro del PSOE con los sectores vinculados a Jesús de Polanco, que ven a este empresario venezolano como un peligroso competidor. Bono, por su parte, necesita a Cisneros si quiere suceder a Zapatero en el Palacio de la Moncloa.

Pero volvamos al arzobispado. El debate-trampa planteado por el arzobispo-cardenal es amplificado por Méndez Pozo. Los medios martillean las puertas de los representantes de todos los sectores sociales de la región a la caza de declaraciones que amplifiquen la polémica. Pero el silencio es más denso y extenso de lo que cabría esperar. Aunque la subvención fue otorgada por la dirección general de juventud (que pertenece a Vicepresidencia) se espera la comparecencia de la consejera de cultura (la tercera persona que desempeña el cargo en 3 años). Sin embargo, ésta permanece muda ante la que quizá sea la gestión más compleja de su Consejería desde su llegada al gobierno regional (paradojas de la política, el PP exige su cese por “ no retirar la subvención a la obra de Bassi ”). Por su parte, el consejero de educación obvia el conflicto y no se pronuncia, a pesar de que el lugar de la representación es un edificio dependiente de su Consejería (la Escuela de Artes de Toledo) y de que “la profesora de religión del centro ha solicitado un consejo escolar extraordinario para tratar el caso”, lo cual impediría tener un local definitivo hasta que se determine, por parte del consejo escolar del centro, si se “permite” o no la representación (este consejo escolar extraordinario se convoca para el viernes 16, es decir; 24 horas antes del día de la representación).

La crisis se agrava y no hay solución política que no pase por el conflicto abierto o el silencio vergonzante ante la maniobra de desestabilización institucional lanzada por el arzobispado. El primer escenario sería el peor de los posibles para la administración Barreda: a un año de las elecciones, resultaría un suicidio electoral una confrontación directa y mediática con el reciente cardenal y hombre fuerte de Roma (amigo personal del nuevo Papa y candidato a la sucesión) en el estado español. Más cuando la larga sombra de Bono no termina de disiparse y la próxima cita electoral es la primera que tiene que enfrentar Barreda como candidato del PSOE (Barreda llegó a la presidencia de Castilla-La Mancha por designación de Bono). El segundo puede reforzar electoralmente a IU, en medio de la negociación de una posible “Reforma de la Ley Electoral” (reforma solicitada incluso por CCOO), lo cual sería un problema a medio-largo plazo (la intención de voto otorga 1 ó 2 Diputados regionales a IU-icam y es probable que el PSOE pierda la mayoría absoluta) y el desperdicio del trabajo realizado durante los últimos años para disolver, por integración en el gobierno regional, a toda oposición de izquierdas en la región. En consecuencia, parece que transferir el problema a los sindicatos, con más capacidad de maniobra y sin compromisos electorales a la vista, puede ser útil para ambos. Por un lado, UGT puede quitarse de encima el estigma de subordinación al PSOE mientras que el nuevo secretario general de CCOO puede hacer un gesto a la galería de cuadros sindicales vinculados a IU (los Críticos) con los que pactó su candidatura. Por otro lado, es la única opción para esquivar responsabilidades en el supuesto, más que probable, de que el consejo escolar del centro impida la representación del monologo de Bassi en sus instalaciones. Así, el martes 14 los secretarios generales de CCOO y UGT de Castilla-La Mancha anuncian que ofrecen sus locales para el montaje de la obra.

Conversación en la catedral

Entre las armas de la guerrilla de la comunicación figura la tergiversación o alteración de la gramática cultural , es decir; alterar los cauces habituales de comunicación y tergiversar el significado del mensaje. ¿Como realizará esto el arzobispado?, y sobre todo ¿para qué?.

El jueves 15, ya en pleno fuego cruzado dentro del PSOE de Castilla-La Mancha (aparentemente el PSOE-UGT y el gobierno regional mantienen posturas diferentes), se presenta, casualmente, en el arzobispado de Toledo una biografía sobre un cardenal fallecido. A la presentación asisten el arzobispo Cañizares y: el ministro de defensa, José Bono. En las puertas del arzobispado hay una concentración de unas 500 personas “ en defensa de la libertad de expresión ”. Dentro, la foto más esperada se escenifica teatralmente: Bono bromea con el futuro cardenal en presencia de una nutrida representación de la jerarquía eclesiástica. Este “gesto” es una operación de pura tergiversación de la gramática cultural: proyecta la imagen de Barreda enfrentado a Bono y envía un claro mensaje del cardenal a la junta: tengo el respaldo de vuestro icono simbólico y único personaje con suficiente “carisma” en la región para desautorizarme públicamente . El canal de comunicación está definitivamente interferido, el ruido se intensifica, y ya sólo queda una posibilidad de comunicación: los periódicos de Méndez Pozo –lugar en el que el arzobispado quiere escenificar su victoria.

Como respuesta a las provocaciones del arzobispado y los columnistas de Méndez Pozo, la junta se descuelga con una serie de aclaraciones sobre su posición en la polémica que acaban por resultar una demostración de patetismo y subordinación.

Mientras tanto, desde la Cadena Ser, y en un acto de incitación al canibalismo, se lanza un globo sonda: “ Pedrosa (UGT) llama inquisidor a Barreda ”. Es lógicamente falso, pero está dentro de lo posible, y eso es parte de la táctica de tergiversación, y por tanto, cuenta ante la “opinión pública” como un “hecho”. Por su parte, desde el ABC (18/3/06) se llega a sugerir, después de una larga serie de insultos en tono de zarzuela, que la bomba encontrada en el teatro Alfil (el 2 de marzo) la pudo colocar el propio Bassi como una forma de autopromoción (¿se imaginan que ocurriría si alguien sugiriese algo similar de un concejal?). Finalmente, La Revelación se representa en el túnel de sindicatos en un ambiente de gran expectación y con aforo completo.

Una demostración de fuerza antes de negociar.

Pasemos ahora, para terminar, al análisis del “caso” desde la perspectiva planteada por Zizek. Sí el respeto de los ateos a los sentimientos religiosos es, por definición, un acto condescendiente con su ignorancia, la actitud del ateísmo práctico, así enfocada, resultaría de un paternalismo intolerable que sólo se dispensa a los niños y a los “locos”.

Por el contrario, si observamos la reacción del cardenal Cañizares (la obra ha sido representada en otras ciudades del estado español sin problemas, a excepción de Madrid) ante el monólogo de Bassi su actitud no es ni con mucho condescendiente sino, por el contrario, de total beligerancia, de reconocimiento, pues, de su discurso. Es decir, además de la instrumentalización política del evento, ¿existe algún otro factor en La Revelación que la convierta en un problema teológico merecedor de la atención de un cardenal? Sí: el posible reconocimiento en el discurso de Bassi, por parte del público confesional, de una manipulación del “cristianismo” (el código ético que moviliza a la mayoría de católicos) a cargo de la jerarquía eclesiástica. Su discurso es de reforma moral, es de transformación de la doctrina, no de negación de su validez. No hay conflicto posible entre ateos y confesionales en el momento en que no se admite la posibilidad de realidad de la ilusión religiosa por parte de los primeros. La teocracia no puede permitir que se la cuestione en sus propios términos. Puede admitir el ateismo pero no la “herejía”, que es lo que realmente condenan y combaten los censores. La explicación más coherente de cómo ha funcionado la censura en la crisis de las viñetas , en Pulheim o en Toledo, hay que buscarla no en la fe sino en la política.

Para que se dé la posibilidad de existencia de cualquier discurso religioso es imprescindible una administración dócil que permita realizar su campaña de proselitismo y propaganda de su fe con fondos públicos y en completa sintonía con sus “seglares”. Todo aprendiz de politólogo sabe que en la actual coyuntura, no se puede obviar el peso que tiene la ideología religiosa como factor de movilización (manifestación por la familia, etc.) social. En el “caso Bassi”, resulta obvio cómo funciona el chantaje religioso. Pero lo que hay tras el decorado religioso es mucho más complejo de lo que admiten las explicaciones de manual. En todos los movimientos de desestabilización política a través del recurso a la movilización religiosa se puede entrever un mismo móvil: forzar una negociación ventajosa –tras una demostración de fuerza– sobre los propios privilegios. Esta estrategia política de las estructuras religiosas pretende imponer sus verdaderas exigencias, de carácter político, a través del control simbólico de cualquier manifestación: En la crisis de las viñetas lo que realmente se pretendía era el reconocimiento de la legitimidad –como interlocutores validos de los Estados árabes– de los clérigos musulmanes por parte de la clase dominante occidental. En la polémica sobre “ 245 metros cúbicos ”, la pretensión del Consejo Central de los Judíos en Alemania es evidenciar la total sumisión del estado a la comunidad judía en lo respectivo a la memoria histórica del nazismo, más cuando el SPD está en plena campaña electoral en tres de los estados federales y el alcalde de Pulheim es del FDP (socio electoral de la CDU). ¿Y en el “caso Bassi”?

Posiblemente los verdaderos motivos del arzobispo giran en torno a algo muy terrenal: consolidar su oposición interna a Blázquez a través de un desmarque constante del discurso oficial de la Conferencia Episcopal española. Establecer una alianza estratégica con los medios de comunicación (Méndez Pozo-Cisneros) en su batalla contra la administración Zapatero, lo que incluye: orquestar la campaña contra la integración de destacados miembros de CCOO y ex–IU en el gobierno regional (que si bien comenzó con Bono, Barreda está consolidando y podría ser un experimento a extrapolar a nivel estatal por Zapatero en la siguiente legislatura) potenciando al ala-derecha del PSOE (los seguidores de Bono-Ibarra) en la región –ya que el PP regional se encuentra sin liderazgo interno y nulas posibilidades de llegar al Palacio de Fuensalida– que genere conflicto interno y confrontación externa con los sindicatos mayoritarios (en especial con CCOO, actual cantera del gobierno regional) y que le permita a la iglesia “disparar”, desde diferentes ámbitos, sobre las Consejerías insignia de la vocación izquierdista de la administración Barreda: Educación y Cultura, en fusión y partición permanentes.

Pero esta es una hipótesis excesiva, “conspirativa”. Al fin y al cabo, se trata de una simple obra de teatro representada por un bufón que ha herido la hipersensibilidad estética y religiosa de un humilde cardenal.