Entrevista Gelabert Azzopardi. Tándem perfecto
Autor: Arena Famara
Revista: Por la Danza nº 88
Gelabert Azzopardi Companyia de Dansa cumple 30 años de vida y lo celebra desempolvando una obra muy especial que abre la temporada 2010-2011 del Teatro LLiure de Barcelona. «En 1985, la Generalitat nos dio una subvención y pudimos constituir una compañía. Es cuando nace La Compañía de Danza Gelabert Azoppardi junto a Lydia y bajo el intento de potenciar la calidad de la danza en el panorama nacional. Era una lucha instintiva, esperábamos el cambio aunque no sabíamos de qué forma». Gelabert.
¿Cuáles eran tus motivaciones, a finales de los 60, antes de empezar a bailar?
Cesc Gelabert: Eran sueños compartidos de una generación romántica que luchaba por un mundo mejor, dicho así a lo bestia, pero es que realmente creíamos que podíamos hacer algo. Yo siempre me he interesado por el mundo, sobre todo en lo que yo llamaba la segunda naturaleza, que gira en torno a la pintura, el diseño, la danza, el cine…. Estudié arquitectura pero no sé cómo, a los diecisiete empecé a bailar y, aunque me parecía una cosa extraña (risas), rápidamente me di cuenta de que es una actividad fundamental en la vida, que te da una adrenalina directa y te ayuda a experimentar con tu cuerpo y tu mente… Siempre para mejor. Explícanos tu trayectoria con el fútbol ¿te complementaba?, ¿cuando jugabas al fútbol pensabas en la danza o viceversa? CG: Aunque parezca contradictorio el fútbol y la danza son muy complementarios, requieren de técnica física y mental y además control de desbloqueo de piernas y cambios de peso, que son fundamentales en ambos casos. Muscularmente sí que no tienen nada que ver, pero si piensas en Xavi o Mecí intentando mantener el control del balón o regateando, la danza y el fútbol tienen mucho contacto. Esta similitud es interesante y me gusta.
¿Cómo era la reacción del público de los 70, teniendo en cuenta los cambios de mentalidad que el país estaba experimentando?
CG: Estrené en público por primera vez en 1969, en realidad era muy singular, porque pasabas del escándalo y la incomprensión al entusiasmo, y todo acontecía en el mismo espacio, era muy intenso. La danza contemporánea en España en ese momento se veía como danza marciana por lo que el camino a recorrer era muy largo. Mis padres y sus amigos venían desde Canarias hasta Barcelona para tomar clases contigo porque eras la revolución en ese momento en cuanto a exploración de nuevas formas de danza, que reivindicaban ese intento de cambiar el mundo, aportando cada uno su granito de arena por la evolución del cuerpo por medio de la libertad de movimiento, y eso en todos los aspectos de la vida, y la danza era su reflejo más directo.
¿Eres consciente de que abriste un camino realmente importante?
CG: Yo he sido un poco suicida, siempre autodidacta, aprendí un poco de aquí, un poco de allá, pero es la pasión lo que siempre me ha movido a hacer las cosas, un entusiasmo que me llevó a dar todo mi ser por la danza. Creo firmemente en la biodiversidad cultural. Mi aprendizaje en Nueva York me hizo volver a Barcelona y enseñar todo lo que yo había absorbido, así conocí a la ‘Leopardi’, éramos muy distintos pero muy compatibles al mismo tiempo, tanto en el escenario como en el día a día.
En 1985, fruto de la unión artística de Lydia Azzopardi y Cesc Gelabert, nace la Compañía Gelabert Azzopardi, que hoy vuelve a sacar a la luz Belmonte, que hace veinte años representaron juntos, estrenando temporada en el teatro Lliure del que son artistas residentes desde hace décadas. ¿Como ha sido la evolución de esta compañía?
CG: En el 85, la Generalitat nos dio una subvención y pudimos constituir una compañía. Es cuando nace La Compañía de Danza Gelabert Azoppardi junto a Lydia y bajo el intento de aumentar la calidad de la danza en el panorama nacional. Era una lucha instintiva, esperábamos el cambio aunque no sabíamos cómo. Fue surgiendo de forma natural y la gente joven ha apostado por la danza, nosotros formamos bailarines de «banda ancha» y con mucha raam, esta es mi mayor creación, pero reconozco que es complicado. Hemos tenido bailarines de España, Alemania, Escocia, Italia, Holanda, Brasil y demás pero para formar un bailarín se necesitan años. Nosotros elegimos bailarines que de entrada tienen algo especial. Nuestros bailarines no son clones míos, y eso me gusta. De mi lucha sólo me da pena que aún la danza no forme parte del sistema educativo, eso sí que es necesario y fundamental en esta sociedad.
Lydia, explícame brevemente tus primeros pasos en Londres y cómo aterrizaste aquí para quedarte.
Lydia Azzopardi: Yo me formé en Londres, en la London Contemporary Dance School, luego pasé muchos años aprendiendo con Maurice Béjart y Lindsay Kempt entre otros… vine a Barcelona y seguí bailando pero me centré más en los aspectos visuales de la compañía que empezaba a gestar con Cesc, empecé a prestar más atención en las coreografías, vestuario y estilismo. Conocí a Cesc y me quedé aquí. 30 años después de vuestra unión artística vuelves a bailar tu rol original en Belmonte (1988)
¿Por qué esta obra, de las más de veinticinco que habéis producido, para conmemorar tantos años de compañía?
LA: Es una obra iconográfica de nuestra compañía y sobre todo nos supone un reto. Mi papel no era tan abstracto, me hace recordar las experiencias de finales de los 80, las personas que han pasado por nuestra compañía, algunos ya no están y otros han seguido su propio camino artístico. Es un cúmulo de momentos y sensaciones que queremos volver a bailar.
CG: Es la relación que hay entre el instinto y la razón. Han pasado muchos años y muchas cosas pero el «todo» eres tú, tú tienes que crear tu todo para poder abarcar la coreografía de forma global, aceptando la evolución y por lo tanto el cambio sin perder la esencia inicial. Tras más de veinte años del estreno de Belmonte, en septiembre, Gelabert y Lydia se suben al Teatro Lliure de Barcelona con su compañía para volver a bailar esta obra; una abstracción en términos coreográficos, musicales y plásticos del mundo de los toros y que utiliza la extraordinaria personalidad de Juan Belmonte (1892-1962) como secreta fuerza de
inspiración. No es una descripción figurativa de las corridas de toros ni una biografía cinematográfica pero está claro que es un espectáculo que no nos podemos perder, tanto los que ya lo vieron hace más de veinte años como los que lo podemos disfrutar ahora por primera vez.
