Juan Hidalgo, el último rubio
Autor: Alicia Chillida
Revista: Arte y Parte nº 80
Conocí a John Cage -Juan Jaula- en Darmstadt en 1958. Fuimos presentados por David Tudor (EL PIANISTA). Poco después convivimos en Milán largo tiempo y se confirmó mi padre, sin necesidad de semen. Fue ruido y silencio nada más (no hay padre sin hijo ni hijo sin padre aunque todos somos PADRHIJOS, padres e hijos de nosotros mismos).
Juan Hidalgo[pie_1]
No encuentro mejor presentación que la que el propio Juan Hidalgo realiza de sí mismo, en el epílogo del libro Silencio de John Cage. Con esta paternidad, Juan da cuenta de su universalidad, de su procedencia ideológica y estética. Su amor por la Música, en mayúsculas, por el zen, y por el arte que es la vida. Que un artista precoz y preclaro como es él, naciera en una España culturalmente antigua y sombría, justifica esta voluntad natural de auto-adopción, que es lo mismo que hacer una declaración de principios y de adscripción a una Modernidad, con la que él nace y desarrolla a lo largo de su vida en forma de obra de arte, leve, humorística, provocativa, volátil; y a la vez poética, profunda, política y necesaria respuesta al tiempo que le ha tocado vivir y al que se anticipa. Esta es la paradoja, que hoy con la perspectiva temporal de una larga vida dedicada a la creación, podemos vislumbrar con claridad que Juan Hidalgo se ha convertido en un clásico, perdurable, un fin de raza. Con sus ochenta y dos espléndidos años sigue sin abandonar el piano, vive tranquilo, creativo (ha realizado más de quince exposiciones en los últimos diez años), con su humor disolvente y su tremenda seriedad… Y cuando muera: «más tranquilo todavía».
TEA, Tenerife Espacio de Arte -el excelente edificio proyectado por Herzog y De Meuron, en el corazón de Santa Cruz, encajado al borde del barranco, aparece como si siempre hubiera mirado de frente al viejo mercado de Nuestra Señora de África-. Allí el pasado 13 de marzo abrió sus salas a la exposición Desde Ayacata, 1998, (el objeto contradocollage procedente de Oaxaca, patria adoptiva de Hidalgo), que preside la primera estancia junto al Piano español, y da título a la muestra, que recoge los últimos doce años de trabajo, una selección de unas setenta obras, en su mayoría acciones fotográficas. En su hogar de Ayacata, a-islado con Carlos Astiárraga, comisario de esta exposición, y felizmente fertilizados por este lugar, situado en el centro geográfico de la isla de Gran Canaria, son a la vez protectores y protegidos por sus diecinueve animales: perros, gatos, tortugas y pájaros. Siempre fiel a sí mismo y a su forma de entender el acto creativo, en el que la vida cotidiana continúa siendo la fuente esencial de la experiencia, la atención a lo aparentemente nimio se convierte en materia lúdica y creativa por excelencia.
Juan se sirve de lo banal, de lo trivial, para concebir sutilmente la vida. El hecho de que toda su práctica artística sea una autobiografía, se haya utilizado a sí mismo como «materia sensible», sea quizás la razón de que él mismo constituya la obra total de Juan Hidalgo, el residuo de un largo proceso, entrando así en el estado artístico del que goza toda pieza bien ejecutada. […] En la sonrisa genuina de Juan Hidalgo se encuentra algo más que un sarcasmo por la visión del mundo. Es el placer por vivir, por poder tocar, moverse y viajar. Es la manifestación anímica del explícito hedonismo aurático, en el que procura vivir permanentemente[pie_2].
Sobre Gris y Verde dos acciones fotográficas: un gran homenaje a Monet: 7 Trío Rosa-rosae para Claude Monet, 2007 y otro a Gertrude Stein The making of a rose, 2008. Y… a Duchamp. Eros y la idea de circularidad de la Rosa inician la secuencia de las obras, dispuestas en el espacio a partir de un pentagrama-imaginario en el que el ritmo, la seriación, la disposición de las fotografías, los ambientes y objetos es musical, al punto de transformar el montaje en una acción total. Cada estancia está modulada a través del color y meticulosamente medida, con el mismo rigor y orden implícitos en su obra, en su vida, como la precisión del ritual en las notas de sus conciertos. Plástica musical, poética cotidiana, es el contenido de los hallazgos que el azar ofrece a Juan Hidalgo y que él como un espejo, se encarga de reflejar. Aquella elegante y misteriosa mantis religiosa sobre el muro de la casa: Lila y verde, 2008; las variaciones de los objeto-bolas, las imágenes robadas… Todo un recorrido melódico donde su universo personal se despliega ante nuestros ojos e intelecto en un juego siempre estimulante, transgresor, lúdico y desafiante.
No en vano Juan Hidalgo estudia música desde niño y comienza muy joven a componer. En la adolescencia marcha a vivir a Milán, allí estudia composición bajo la dirección de Bruno Maderna y se inicia en los estudios orientales: China y Japón. En 1958 Hidalgo inventa la deriva ZAJ a la que sumarán Walter Marchetti y posteriormente Esther Ferrer. (Y otros miembros itinerantes como Marco y Castillejo). Esta aventura musical, teatral, plástica, poética, gráfica o postal, no se puede analizar sin tener en cuenta el nombre de John Cage, que, heredero de Schöenberg, a partir de 1950 se propone hacer cristalizar la música en obras de arte perfectamente organizadas, recurriendo a conceptos como composición, azar e improvisación. Cage hace de las manipulaciones seriales verdaderas consultas a un oráculo, con una ironía implacable y suave. Así conseguía literalmente enloquecer al sistema. «El azar debe sustituir las nociones tradicionales de arte y composición; la renuncia total del compositor a cualquier control sobre el material habría de otorgarle una libertad y agudeza de percepción más intensa». La música del silencio acogerá con hospitalidad los ruidos y los sonidos, también lo que hay ha de ser liberado[pie_3]. Esta es la actitud de los protagonistas de ZAJ: ¡volvamos a la vida, volvamos a instalar nuestro lenguaje en la cotidianeidad! En efecto, la música la compondrá el más leve rumor de lo cotidiano.
ZAJ se inscribe de manera general dentro de las corrientes vanguardistas que propiciaron a finales de los cincuenta y principios de los sesenta una suerte de teatralización de las artes plásticas bajo la forma del happening, así como la teatralización de la música en lo que se llamaba teatro musical o música de acción y que con el tiempo se conocería como performance. Este desplazamiento de los límites específ icos de cada disciplina suponía una reacción tanto frente a los formalismos abstractos o expresionistas hacia los que había derivado la pintura moderna, como frente a la severidad estructural del serialismo musical de la posguerra. La nueva escena sobre la que se desarrollan estos nuevos experimentos «entre» los medios recibió precozmente el nombre de intermedia. (El propio Cage se hace eco de la difusión de estas tendencias). Este término como otros -Concept Art o Event- fueron puestos en circulación por el «laboratorio» experimental semiclandestino Fluxus que consiguió crear una red internacional. Al igual que Fluxus, ZAJ provenía del medio musical. A ambos se les engloba en las tendencias Neo-Dada de los años sesenta. Quizás el mérito principal de los miembros de Fluxus -si puede hablarse con propiedad de miembros estables en un colectivo que se pretendía en flujo constante- fue apropiarse despreocupadamente y poner generosamente en circulación buena parte de las ideas y formas de hacer que las vanguardias posteriores utilizarían para consumo propio o impropio[pie_4].
El recorrido japonés / hacer hacer / o / hacer / con cualquier objeto (1) / o / cosa (29) /
un recorrido cualquiera / de duración indeterminada / o / a determinar para cada ejecución / delante de un público / si así se desea / oculta / o / abiertamente (1) / un solo objeto / una sola cosa / Juan Hidalgo, Roma, febrero 1963
Pocas veces nos encontramos ante un proyecto tan indeterminado, como afirma Valeriano Bozal. Hacer, con un objeto o cosa, son las únicas indicaciones concretas. Nada se precisa sobre el recorrido, la duración, el receptor, sobre el modo de la recepción, y el «si así se desea» deja completamente abierta la acción. […] Puesto que se dispone textualmente en la secuencia de una acción, alude a sus prácticas y condiciones, al sujeto que eventualmente puede realizarla (alguien inconcreto, pero alguien) y a los espectadores, público que puedan percibirla, se sirve del esquema de una acción propuesta y evoca en su negatividad el sentido ausente. Tal evocación no deja de tener sentido en el remitirnos a lo otro (que no está)[pie_5].
En 1964 ZAJ realiza en Madrid su primera acción donde retoma el 4´33´´de Cage cumpliendo con extrema pulcritud lo que Lyotard considera el fundamento de la performance, su carácter transformador. «El performer es un complejo transformer, una batería de máquinas de metamorfosis. No hay arte porque no hay objetos. Sólo hay transformaciones, redistribuciones de energía. El mundo es una multiplicidad de aparatos que transforman unas unidades de energía en otras»[pie_6].
Etcétera, porque también en ellos encontrará usted algo más, y a ese algo más, precisamente lo llamo etcétera.
Juan Hidalgo, 1966
En el léxico ZAJ «un etcétera» es un documento público destinado a sacudir al espectador y abrirle la vía para una «iluminación». Se puede asimilar con la idea de koan, un acertijo característico del budismo zen. Y sin embargo ZAJ no pretende desvelar verdad alguna. El suyo era el reino de lo nimio. Un paseo por la calle, un concierto con poca música, tarjetas que me hace llegar el correo, una invitación, un aforismo, un traslado, un encuentro… No hay aura en las acciones ZAJ: esta ausencia es paradójicamente su aura[pie_7],
El algo ni grito ni no grito, algo grita por mí.
Juan Hidalgo, 1970
En ocasiones ZAJ ha sido víctima de la violencia por parte del público; «Una vez en América, contaba Esther Ferrer, nos agredieron de una manera brutal. Era una pieza de una hora que se llamaba El secreto, y nos contábamos un secreto. Y si te cuentas un secreto, nadie puede oírlo, lógicamente. Todo el mundo sabía a qué atenerse…»[pie_8].
ZAJ se prolongará hasta su disolución oficial en 1996, tras su gran exposición en el MNCARS, aunque posteriormente Hidalgo declarase que «ZAJ no se disuelve ni con Bisolvón».
Pasamos por el Rojo y el Rosa, por el Amarillo claro y oscuro, antes de llegar al Lila y
Morado, el color por excelencia, lo encontramos con frecuencia en las prendas que viste
Juan e incluso en la fachada de su casa. Y… ¡el color de la bandera republicana! Como le gusta apostillar. Y allí al fondo del camino del color: El Beso, otro tema clásico en la historia del arte que protagonizan Carlos y Juan, en Un beso más, 2003, un amor que vive con libertad y que comparte la firma de este concierto en la que ellos han convertido esta exposición.
Como argumenta David Pérez, las acciones fotográficas aparecen efectivamente etceterizadas, ya que al igual que los etcéteras que se resuelven verbalmente, denotan una realidad que no busca ser explicada ni descrita, sino indicada. El objetivo del etcétera no es narrativo, sino documental, intenta dejar constancia de un fragmento de mundo y convertirlo en material de registro. El etcétera sigue esa poética de lo infraleve aludida por Marcel Duchamp. Una poética hecha de humo e inconsistencias a través de la cual «algo» se constata, «algo» se anota, «algo» se documenta, «algo» se registra… En suma «algo» sucede. Y lo sucedido, no lo olvidemos, es el paso de la vida. El uso al que Juan Hidalgo somete a la fotografía hace que ésta documente el propio hecho de documentar.
Cada imagen en su brevedad ilumina fragmentos de un rostro hecho de rostros. Existe un sentido unitario subyacente que puede ser detectado en este cúmulo de voces. Y la vez el discurso es reacio a poseer un rostro estable. La única trascendencia existente es la que se agazapa en la luz del instante o de los ojos, tal como sucedía en la fotoacción (La luz de los ojos, 1996). Por tanto lo relevante radica en lo irrelevante[pie_9].
Biografías, Memorias, temas como la casa, el erotismo, los homenajes, la homosexualidad, la pornografía, los viajes, los hospitales, los bares, los animales, las flores…, los objetos encontrados y robados conviven con los ambientes: Pañuelos, Corbatas y Tibor de Ángel, (con azul Purísima Concepción), actúan como contrapunto unos en vertical y otros en un plano de silencio horizontal, enmarcados en áreas de color sobre el suelo, con la estabilidad de una geometría exacta, 1+4=5, 2004; y la presencia de los materiales: madera, hueso, cristal y metal en Las 3 formas, 2008, cubo, pirámide y esfera. Algunas obras insisten en la orientación precisa de su/nuestra localización: Norte, Sur, Este, Oeste, como Las cuatro esquinas, 2007. La simultaneidad y superposición entre las piezas se suceden en el recorrido a través de las distintas salas: 16 Ojos, 2007, Las tres cajas y los 45 objetos, 2001, (Scriabin dixit, 2002), el homenaje al maestro ruso Alexander Scriabin, que, 1900 postulaba por la correspondencia entre música y color, materializado en cinco sombrillas sementeras con flecos de rafia que al moverse emiten un susurro leve, una hermosa música, casi imperceptible, accionada por un ventilador.
En Piscimuca, 2004/06, cubismo conceptual y Junk Art aparecen como documento fotográfico de una acción que JH llevó a cabo en el Muca de México con los desechos de mobiliario del museo.
¿Un gas más?, 2003, en formato de video y acción fotográfica, bajo la apariencia del ritual pacífico de un incienso consumiéndose, se alude al gas letal de las guerras, al hartazgo y la denuncia de un mundo en estado de violencia permanente. Fue en el decisivo año 2000 en el que Juan Hidalgo, en sus Notas para el Milenio, proclama su idea de higiene vital:
No mate usted
No sea ignorante
Aparque las religiones, los nacionalismos a ultranza
y muchas cosas más que son raíces de todo mal
No sea racista: que haya blanco, que haya negro
y que haya blanco y negro
Respete todas y cada una de las opciones sexuales
No robe
y
Límpiese los dientes cada día
La Isla realizada en vidrio roto y construida in situ, cierra la exposición y abre un recorrido de múltiples islas, que irán generándose, cada una con distintos materiales y apariencia como es la costumbre, en los distintos lugares a los que viaja la muestra: el museo ARTIUM de Vitoria y el CAAM de las Palmas de Gran Canaria.
El trabajo de Juan Hidalgo reclama una llamada a las nuevas generaciones a mirar y a comprender su trayectoria aleccionadora, poco ortodoxa y compleja, divertida y llena de coherencia. He tenido el placer de comprobar esta mirada atenta en jóvenes artistas que desde la performance, la música, la danza o las artes plásticas, abren sus propios caminos expresivos con la admiración por el trabajo de Juan. ¡Bravo por ellos! Mirar a los maestros siempre fue el camino, tener el alma de principiante, tal y como predican los bisabuelos chinos de Hidalgo.
