Las obras del obrador. Entrevista con Marcel Bénabou
Autor: Cécile de Bary
Revista: Quimera nº 244
Nacido en 1939, Marcel Bénabou es profesor de Historia romana
en la Universidad de París 7 y entró en el OULIPO en 1969.
Pronto pasó a detentar, hasta hoy, las funciones de Secretario Provisionalmente
Definitivo, o Definitivamente Provisional, del grupo. En esta entrevista
con la perecquiana Cécile de Bary repasa la historia, la dinámica
interna del grupo y los principios de la poética de este grupo que
cuenta en siglos sus años de existencia.
El OULIPO y la Historia
¿Cómo, por quién, para qué
y por qué se fundó el OULIPO?
Empecemos por la fecha. En septiembre de 1960, durante el
primer congreso dedicado a Queneau, en un seminario de Cerisy titulado "¿Una
nueva defensa e ilustración de la lengua francesa?" algunos
de los asistentes sintieron el deseo de crear un pequeño grupo que
se ocupase de experimentación literaria. Así el veinticuatro
de noviembre de ese año, se constituyó un grupo que primeramente
se llamó Seminario de Literatura Experimental (o Selitex) y que reunía
más o menos a una decena de personas en torno a Raymond Queneau y
François le Lionnais.
¿Y cuándo entró usted en el grupo?
Entré mucho más tarde, alrededor del
invierno 68-69. Pertenezco a la segunda generación de oulipianos,
que se incorporó después de Jacques Roubaud. Raymond Queneau
había leído el manuscrito de "signo de pertenencia"
de Jacques Roubaud para Gallimard y cuando conoció al propio Roubaud
le propuso entrar en el OULIPO. Posteriormente Roubaud sugirió la
admisión de Georges Perec y la mía.
Pero no anticipemos, volvamos al Selitex…
El Selitex pronto fue rebautizado Ouvroir de Littérature
Potentielle (Obrador de Literatura Potencial) a propuesta de Albert-Marie
Schmidt un profesor de literatura especialista en poesía científica
del siglo XVI. Durante las reuniones, el proyecto del OULIPO no tardó
en definirse en dos direcciones. En primer lugar, y era lo más importante,
el grupo buscaba nuevas formas, nuevas estructuras con el objeto de ponerlas
a disposición de los escritores. Sin embargo, no tardamos en percatarnos
de la necesidad de tener en cuenta a las literaturas que habían precedido
al OULIPO. El grupo se propuso entonces descubrir en ellas elementos hasta
entonces inexplorados. Así que el OULIPO decidió asumir el
conjunto de la literatura, la pasada y la por llegar.
¿Respecto a esta cuestión, podría usted
definir la noción oulipiana de "plagio por anticipación"?
En estos trabajos de erudición el OULIPO busca
precisamente a sus "plagiarios por anticipación". Por ejemplo,
el lipograma que consiste en escribir privándose de una letra
del alfabeto es una estructura oulipiana, y sabemos el jugo que le
sacó Perec en El Secuestro. Pero también practicaba
el liprograma la literatura griega, en la época alejandrina ; el
propio Perec dio cuenta de ello en un artículo erudito que constituye
una muy completa "Historia del lipograma" (así se titula
y a ella se refiere Bernard Magné en estas mismas páginas).
Me gustaría profundizar en la relación del OULIPO
con el pasado.
A decir verdad, para el OULIPO el tiempo no existe
o, en todo caso, es reversible. Entendemos que lo oulipiano que existió
antes del OULIPO sólo cobra sentido con el OULIPO. En realidad nuestra
concepción no es demasiado original, es la de los historiadores,
quienes consideran que el acontecimiento permite interpretar lo que lo ha
precedido. Todo gran autor crea a sus propios antecesores.
¿Qué antecesores se ha creado el OULIPO?
Empecemos por la tradición occidental. En Roma,
durante el siglo I antes de Cristo, y hasta el siglo siguiente, se retoma
este alejandrinismo. Por ejemplo, Marcial protesta contra las difficiles
nugae y su necesidad de criticar las "fruslerías difíciles"
practicadas por los poetas de su tiempo, demuestra hasta qué punto
éstas estaban de moda. Hemos de acordarnos también de los
grandes retóricos de finales de la Edad Media. Entre estos dos momentos
se mantuvo una cierta tradición en las abadías, sobre todo
irlandesas, en torno a los anagramas o a los carmina figurata. No
se trata del mismo tipo de juegos, pero siguen siendo juegos con la forma.
En fechas más recientes también habría que mencionar
a los formalistas rusos (sobre éstas cuestiones remitirse aquí
mismo a los trabajos de B. Magné y É. Beaumatin).
Todos estos elementos dispares sólo cobraron sentido con la fundación
del OULIPO. A partir de ese momento, la idea hasta entonces marginal, de
tomar el lenguaje como herramienta de experimentación, se hace aceptable.
¿Es esta tradición sólo occidental?
¡De ningún modo! Se olvida con demasiada facilidad,
pero en el origen de todas las grandes tradiciones poéticas, ya sea
la tradición árabe, china o india, encontramos juegos verbales.
Conocemos El Mapa de la esfera armillar de Su hui, "un poema
chino del siglo IV de lectura inversa": mientras los propios chinos
ya no lo entendían, su funcionamiento fue redescubierto por la oulipiana
Michèle Métail. Redescubrir y comprender todo un ámbito
olvidado: esto es lo que el OULIPO permite. Este modo de traer al primer
plano el juego con la forma y de explorar sus resultados es, por tanto,
absolutamente fundamental. En las poéticas antiguas, era, sino anterior,
inseparable de la voluntad de decir.
¿Y autores como Mallarmé o Valéry?
¡Eran oulipianos sin saberlo! Cada vez que releo
a Valéry encuentro alguna invención totalmente oulipiana.
Inventó hasta el "Cuento a su manera". Del mismo modo yo
que creía haber inventado el recurso de la antonimia, me frustré
cuando releí la reescritura de Pascal propuesta por Valéry:
"El barullo intermitente de estos rincones me tranquiliza". A
estos grandes autores hay que añadir los nombres de Roussel, Desnos,
Leiris….
¿Y los autores surrealistas?
Los surrealistas idolatraban a Roussel, pero era por razones bastante
equivocadas. Lo que seduce al OULIPO de Roussel es el rigor, el rigor con
el que pasa de la arbitrariedad del punto de partida a la absoluta lógica
del punto de llegada.
En lo tocante al surrealismo, como usted sabe, su influencia en el OULIPO
ha sido más bien negativa. Raymond Queneau había roto con
el moviento surrealista y no quería volver a caer en nada que se
le pareciese. Pero la diferencia es sobre todo teórica: el automatismo
es exactamente lo opuesto de lo que busca el OULIPO. A veces surge un cierto
malentendido porque con reglas muy estrictas, se puede llegar al mismo resultado
que determinados ejercicios surrealistas. En ninguno de los dos casos preexiste
la voluntad de significar, es cierto; de ahí, el carácter
"surrealista" de algunos textos oulipianos (en el sentido corriente
de la palabra "surrealista"). Pero las investigaciones oulipianas
aventajan en mil cuerpos al surrealismo porque se ocupan de todos los aspectos
de la creación literaria.
Los principios del OULIPO
No deja usted de referirse más o menos explícitamente
a la traba. ¿Qué entiende usted por traba?
El escritor se apoya en reglas. Algunas reglas, como las
de la prosodia, se admiten, están aceptadas. Lo que hace el OULIPO
es introducir reglas suplementarias a las que llamamos trabas. Se trata
de imaginar operaciones que traten cada uno de los niveles del lenguaje,
cada elemento lingüístico. Si consideramos, por ejemplo, los
signos tipográficos y sustraemos uno de ellos obtenemos un lipograma.
Usted acaba de distinguir la regla de la traba y sobre esa cuestión
sería interesante que nos diese su opinión acerca de la idea
de Jacques Roubaud según la cual la traba nace de la muerte de las
formas tradicionales.
Sí, es cierto. En cualquier caso lo es para
nosotros. Lamentamos la moda del verso libre y el surrealismo, que sólo
han dejado tras de sí un vasto campo en ruinas. Para el OULIPO la
escritura poética es imposible sin el recurso de las formas.
Aparte de la traba, la segunda noción clave para el OULIPO
es, tal y como se indica en el nombre, la de potencialidad. ¿Se puede
definir la potencialidad?
Esta noción se apoya en la idea de que hay,
en un texto dado, mucho más de lo que muestran las evidencias de
la percepción inmediata. Por tanto la potencialidad tiene que ver
primero con la lectura de los textos que ya existen. Flaubert ya señalaba
en su correspondencia que de nada servía escribir, que bastaba con
encontrar nuevas direcciones en textos ya existentes. Le Lionnais no lo
habría dicho mejor.
Pero la potencialidad también se aplica a la creación literaria.
Los oulipianos pretenden crear textos que tengan esa virtud de potencialidad,
de ahí su interés por la combinatoria. Se trata de obtener
a partir de un número muy reducido de elementos un conjunto muy amplio.
Se puede por ejemplo, partiendo de 10 sonetos, crear la potencialidad de
los "Cien mil millares de poemas", tal y como demostró
Raymond Queneau.
¿En todo esto qué papel se le reserva a las matemáticas?
El grupo se apoya en las matemáticas para inventar
trabas. Desde su fundación, el grupo cuenta con matemáticos
aguerridos, empezando por Raymond Queneau y François le Lionnais.
También habría que hablar de Bourbaki que es uno de los modelos
consciente o inconsciente de los fundadores, a causa del trabajo
en grupo primero y después, a causa de la idea de refundación:
volver a empezar sobre nuevas bases, más claras. La axiomática
es para Bourbaki, lo que la traba para el OULIPO.
Se refiere usted mucho al "juego", por ejemplo al "juego
con el lenguaje". Su grupo tiene fama de ser, en primera instancia
o fundamentalmente, lúdico; me gustaría saber qué realidad
hay detrás de esta imagen.
Detrás de la imagen hay una confusión.
Es cierto que cuando creamos una traba damos ejemplos lúdicos. Pero,
nuestro objetivo es más amplio. Todos nosotros separamos las ilustraciones
lúdicas y las obras que combinan las trabas. La vida instrucciones
de uso reposa por ejemplo, en un formidable armazón de diversas
trabas oulipianas.
¿Qué trabas ha practicado usted sobre todo?
Primero practiqué la traba sin saberlo. Mi entrada en el
OULIPO estuvo determinada por un trabajo que llevábamos a cabo junto
con Georges Perec, quien ignoraba, igual que yo, la existencia del grupo.
Ese trabajo se apoyaba en la definición: sustituiamos una palabra
dada por su definición, y repetíamos el experimento. Añadíamos
a ello nuestra voluntad de subversión: se trataba de no pegarse al
sentido contextual, de forma a sustituir la palabra por un significado derivado.
Por ejemplo, "la marquesa salió a las cinco" se tornaba
en "el tejado sostenido por pilares que sobresalía, se destacó
a la hora del té". La dinámica siguió siendo la
misma: partir de algo que ya existe y subvertirlo. Siento verdadera pasión
por el "lenguaje cocido" al que se refiere Desnos. Pretendo reverdecerlo,
crear algo nuevo partiendo de lo que encuentro más fosililzado: crear
potencialidad. He cruzado frases hechas : "tirer le diable en Espagne"
y "bâtir des châteaux par la queue". En este mismo
sistema se basa el principio del injerto de alejandrinos.
¿Qué le aporta a usted la traba en el momento de
escribir?
Una libertad mucho mayor. Cuando uno no se siente impelido por la
obligación de decir algo, se deja llevar por el propio lenguaje.
Se inventan situaciones y personajes en los que no se había pensado.
¡Las vías de tocino de buey imaginadas por Roussel no surgen
espontáneamente! La traba provoca una suerte de ventilación
de la mente que abre todo un ámbito de la imaginación.
El OULIPO hoy
¿Cómo se elige a los nuevos miembros del OULIPO?
El primer principio, desde la creación del OULIPO, es elegir
personas que puedan integrarse en el grupo, tengan interés por la
escritura (es el caso de Anne Garréta o de Michèle Grangaud),
por las matemáticas (es la especialidad de Olivier Salon, por ejemplo)
o por la erudición (Valérie Beaudouin que se ocupa del ritmo
de los versos o Bernard Cerquiglini).
¿En este momento, cuáles son las principales actividades
del grupo?
Nuestras actividades se han ido multiplicando con
el tiempo. Al principio, el OULIPO sólo se reunía una vez
al mes. Era un grupo más bien secreto. A partir de la incorporación
de Jacques Roubaud el grupo empezó a hablar de sus actividades, por
ejemplo publicando en un cuaderno del Colegio de Patafísica, o también
en 1973, un volumen titulado La literatura potencial. Todo ello nos
hizo más visibles, y nos hemos puesto a hablar de nuestras actividades
en diversos encuentros y a hacer lecturas. Y, muy pronto, el OULIPO pareció
a ojos de los pedagogos como un soplo de aire fresco ¡algo en
absoluto previsto por los fundadores que sólo se interesaban por
los escritores! ¡Una de las primeras entrevistas concedidas al OULIPO
salió en la revista L’Éducation! Fue así como
se hizo el cruce entre el OULIPO y la incipiente moda de los talleres de
escritura. De todos modos no es éste el término que nosotros
utilizamos ya que preferimos hablar de "cursillos OULIPO". La
primera vez se hicieron por iniciativa de Gil Jouanard, en Villeneuve-lès-Avignon.
A partir de este desarrollo histórico se dibujan varias líneas
en la creciente actividad del OULIPO. Pero lo esencial siguen siendo las
reuniones mensuales.
¿Cómo se desarrollan esas reuniones?
Se trata de reuniones muy agradables que respetan
las apartados siguientes: creación, cogitación, erudición,
acción (pasada y futura), menudencias. Los que, desde el mes anterior,
han hecho creaciones, las presentan, los otros discuten, valoran. El apartado
cogitación, existe desde hace unos años. Es un apartado muy
interesante que permite presentar la idea de una creación que aún
no ha desembocado en un texto. Por ejemplo, yo presenté el pasado
10 de septiembre un proyecto de acróstico universal. Se trataría
de escribir un poema de veintiséis alejandrinos en el que cada verso
empezase por una letra distinta del alfabeto. Este poema base permitiría
crear un poema dedicado a la persona que se quiera, extrayendo los versos
correspondientes a las letras necesarias. Mi idea despertó un gran
interés, y Michelle Grangaud y Jacques Roubaud ya están trabajando
en ello.
¿Y los jueves del OULIPO?
Hace ya unos diez años, Hervé le Tellier
propuso que las lecturas se hiciesen más sistemáticas. Al
principio, nos encontrábamos en una sala pequeña. Después,
tuvimos que abandonar ese lugar por un anfiteatro de la universidad de Jussieu,
se ocupan sus 260 asientos, además de toda la gente que está
de pie. A partir del mes de octubre estaremos en un anfiteatro aún
mayor, en el Forum de las Imágenes.
¿Pero tanto éxito no traiciona la idea inicial
del secreto?
Eso piensan algunos en el grupo. Pero quisiera hacer
notar que estas lecturas son también una oportunidad para la creación.
Después de haber aprovechado nuestro fondo aquellos que lo tenían,
tuvimos que elaborar nuevos textos. Olivier Salon o Ian Monk siempre leyeron
textos nuevos. En fin, yo siempre insisto para que no se olviden los antiguos
textos: Queneau, Calvino o Perec.
Persiste un problema, sus lecturas son entretenidas, divertidas.
¿No dan ustedes una imagen deformada, lúdica de sus actividades?
Vuelvo a insistir en que este es un debate que tenemos
entre nosotros. Sin embargo, insisto, nuestras lecturas no son siempre sistemáticamente
"divertidas". Y cuido de que permanezcamos fieles a nosotros mismos.
Tiene usted intención de fundar un &laqno;Seminario Oulipo»
en el que universitarios y no universitarios estudiarán los trabajos
de autores oulipianos. ¿Por qué?
Coordiné el seminario Perec a lo largo de dieciocho
años, y comprobé hasta que punto era un lugar de encuentro,
de emulación. Ahora que Bernard Magné ha cogido el relevo
en el seminario, podré llevar a cabo esa idea que acaricio desde
hace algún tiempo, porque los críticos que se ocupan del OULIPO
no siempre disponen de un lugar como el seminario Queneau o el seminario
Perec.
¿Desde la creación del OULIPO han surgido diversos
OU-X-PO?
Sí, los primeros en vida de Le Lionnais. Se trata de intentos
más o menos logrados, de trasladar las técnicas de OULIPO
a otros campos, o a ámbitos muy específicos como el relato
policíaco. Con esta idea surgieron el OUPEINPO que se dedicó
a la pintura, el OULIPOPO, que se centró en la novela policíaca,
o el OUBAPO, que intentó aplicar al tebeo los principios del OULIPO
y nació de manera independiente.
¿No olvidamos el ALAMO?
El ALAMO no tiene nada que ver con los grupos que acabo de mencionar,
es una situación distinta. Algunos miembros del OULIPO (Braffort,
Roubaud, Fournel, Jouet y yo mismo) desearon integrar, independientemente
del OULIPO y de manera muy libre, investigaciones de informáticos,
que no fueran miembros del OULIPO.
¿Puede decirse que hoy por hoy el espíritu
del OULIPO se propaga a pesar de sus miembros?
Ciertamente. Lo mismo sucede con la lista OULIPO que se desarrolló
en internet sin ninguna relación directa con nuestro grupo. Ese éxito
es extraordinario, sin ir más lejos, hoy la lista ha transmitido
17 mensajes, entre los cuales hay algunas informaciones, pero dominan las
creaciones. Puede decirse por tanto que hoy en día el adjetivo "oulipiano"
ya no se refiere a los miembros del OULIPO sino de forma general, a todos
aquellos que "practican con trabas". El vocablo incluso ha entrado
en el diccionario. Hay algunos otros signos que parecen indicar un innegable
éxito en estos momentos. Piense usted, por ejemplo, en el público
que abarrota los anfiteatros donde se celebran nuestras lecturas, en la
cantidad de textos que recibo, poemarios y escritos variados, en la existencia
de una revista como Formules, difícil de imaginar sin el referente
del OULIPO. Pero aún es pronto para medir el impacto de todo ello.
¿Va haciéndose entonces el OULIPO un sitio en la
historia de la literatura francesa?
La importancia de nuestro movimiento en la historia de la literatura
sólo podrá ser evaluada dentro de bastantes años. En
cualquier caso no deja de llamarme la atención que el OULIPO figure
ahora en todas las historias de la literatura francesa, en todos los manuales
de enseñanza secundaria. En EE.UU., en las reuniones de universitarios
especialistas del siglo XX, se reserva con frecuencia un espacio para el
OULIPO. Tanto del otro lado del Atlántico como en Alemania somos
el último fetiche de moda detrás del Nouveau Roman.
Creo en definitiva que se reconocerá una cierta importancia al OULIPO
en la medida que haya dado forma a un campo que hasta entonces se consideraba
marginal.
