Las tre eles: libro, lectura y libertad
Autor: Rogelio Blanco Martínez
Revista: Temas para el Debate nº 119
p>Mark Twain titula una de sus obras menos conocidas: “Las tres erres: raza, revolución y religión” . Esta denominación del insigne escritor norteamericano me ayuda en el título a este breve artículo: “Las tres eles: libro, lectura y libertad”. No creo que, sea por la extensión otorgada por esta publicación sea por la menor capacidad de quien escribe, pueda emular el análisis social fino y crítico que realiza el insigne escritor americano, aunque las temáticas sean diferentes.
El “Programa Electoral PSOE- 2004” , concretamente el documento base referido a “Política cultural”, además de incidir en acertadas críticas acerca “la globalización regida por la dureza neoliberal“, reitera en la propuesta de “la cultura como condición básica de la ciudadanía”; y en cómo ésta, la cultura, es la clave para la pretendida “democracia de los ciudadanos”; es decir, cultura y ciudadanía deben ser sinónimos, por lo tanto ciudadanía, democracia y cultura serán un trípode de apoyo esencial del programa político del PSOE, que es lo mínimo que decir, en este momento, que es un proyecto de gobierno.
Asumir estas tripletas supone disponer no sólo de intenciones programáticas, sino de diseños que contribuyan al logro pretendido. De entrada, y a este tenor de la materia que aquí se trata, vuelve a ser realidad la existencia del Ministerio de Cultura. Hecho que por sí sólo ya significa un reconocimiento a un Ente creado en 1977, tras la muerte del dictador Franco, que permanece hasta 1996; es decir, durante los gobiernos de UCD y catorce años del PSOE (1982-1996), siendo suprimido y absorbido en el de Educación y Deporte durante los gobiernos del PP (1996-204). Por otra parte, en los borradores previos a la elaboración definitiva de los presupuestos de 2005, este Departamento ya figura como el segundo en incremento porcentual y detrás el de Vivienda. Mas “re-crear” un Ministerio y aumentar su financiación, son sólo guiños significativos que deben cargarse de “contenidos culturales”.
Uno de los contenidos culturales relevantes es el que afecta al ámbito del libro. Y en este ámbito nos sitúa justamente en uno de los más representativos para el logro de “la democracia de los ciudadanos”, toda vez que, y sin abundar en razones, en él aparecen las expresiones más elocuentes de creatividad y de libertad, de educación y de formación, de diversidad y de comunicación, de participación y de productividad. Así, pues, entorno al libro se concitan las experiencias de los valores más representativos de la democracia, de ahí que siempre se le exija, (¡y con razón!), un plus de acción superior respecto a otros “contenidos culturales”. La población aprecia y valora lo que es y significa este producto. Un producto que es cultural, pero que lleva incorporado un código de barras; que es industrial pero que va cargado de contenidos culturales. Posiblemente sea la expresión cultural-histórica más representativa.
“Todo está en los libros” es la conocida cantinela. Pero este refrán por sí sólo nada dice. De ahí que a los referidos trípodes debamos añadir otro: creación, producción y promoción. Al primer elemento, el de creación responden nuestros autores en la manifestación de diversos géneros y lenguas. Ellos son el inicio-base del libro. O. Elytis decía que mal para un poeta (creador) sin pueblo, pero peor para un pueblo sin poetas (creador). Si aceptamos la expresión de poeta como poiesis , entendemos que los autores son la voz que resuena en y desde las entrañas del pueblo. Es la voz necesaria y lacerante. Todo el apoyo a ellos, a los auténticos creadores, será escaso.
El segundo elemento es la producción. España es una potencia mundial a la hora de editar libros, tanto en la cantidad de títulos reflejada en el ISBN como en el número de ejemplares. Si en 1976 eran 18.000 los nuevos títulos, las novedades del presente año, 2004, se aproximan a 70.000 ejemplares. Y en esta tarea la fortaleza de las numerosas editoriales, las empresas gráficas, los diseñadores, los traductores (si bien estos tienen más de creadores que de productores), etc. son una manifestación viva de potencialidad.
El tercer elemento, la promoción y la difusión de la obra creada y producida va acompañada de un entramado de distribuidoras y de librerías que “colocan” el libro español en cualquier parte del globo terráqueo. El superávit comercial que circula tras las exportaciones librarias y de revistas culturales es la expresión evidente del vigor. Las cifras, más su evolución durante los últimos años, reflejan evidente progresión y explican los puntos fuertes del “sistema librario”; pero también existen puntos débiles.
Sería prolijo abundar en datos, y no es el objetivo de este breve artículo, pero frente a los datos que apuntan hacia el optimismo coexisten los que diseminan cierta preocupación. Así, frente a la real y abundante producción editorial de títulos o ISBN’s, aunque no con abundante tirada título/ejemplares, también coexiste cierta escasez lectora por parte de la población española. Se suele definir este efecto como “manifestación “dual”. La población lectora española, según datos, se sitúa en el contexto de los países mediterráneos, ligeramente alejada de las cifras que ofrece Centroeuropa y a gran distancia de los noreuropeos. Asistimos, dualmente, a la abundancia productora y a cierta anemia lectora.
Ya hemos hecho referencia a varios trípodes, añadamos otro que los expertos explicitan como imprescindibles para el fomento de la lectura: familia, escuela y biblioteca. Se reconoce que el ambiente familiar y sus contextos socio-económicos inciden decisivamente en los hábitos culturales de los pueblos; del mismo modo que cualquier manual de pedagogía abunda en la importancia de la adquisición de habilidades, destrezas y hábitos en los años infantiles y juveniles. Pues bien, el déficit histórico de hábitos lectores por parte de nuestra población es evidente. No es necesario recordar cómo a inicios del siglo XX la mayor parte de la población era analfabeta. Respecto a la escuela, sólo decir que la imprescindible “biblioteca escolar”, salvo excepciones, es un concepto que se soporta en toda programática educativa o manifiesto pedagógico, es decir, debemos reconocer que no existen proyectos creíbles de bibliotecas escolares.
Finalmente, respecto al tercer elemento, la biblioteca, o ente que nutre el consumo lector, sólo informar que a pesar del gran esfuerzo multiplicador de creación de nuevas sedes, no obstante el 45% dispone de menos de 100 metros cuadrados y el 36% de menos de 200 metros cuadrados . Sólo un 19% reúne requisitos estructurales suficientes. Pero, además, en gran parte de ellas no se realiza el necesario expurgo, o es rara la actualización de fondos, amén de que la ratio ejemplar/habitante se ubica en la mitad de lo que en los países centro y noreuropeos es habitual. Por lo tanto se necesita más del doble de unidades librarias de las que se dispone.
Planes de fomento a la lectura
Así, pues, los necesarios planes de fomento a la lectura requieren no sólo la difusión propagandística, para lo cual la aportación de los medios de comunicación es imprescindible, del mismo modo que la dotación de infraestructuras y la programación académica que reconozca la importancia de desarrollar hábitos lectores en los jóvenes.
El panorama que brevemente se ha ofrecido, estimo que está cargado de realismo pero no de desesperación o imposibilidad de superar. Para ello desde el “re-creado” Departamento de Cultura, concretamente desde la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, se mantendrán todas las acciones estimulantes, favorecedoras y positivas heredadas en pro del apoyo al libro. Gran parte de ellas se mantienen desde lustros socialistas de gobierno. A modo de ejemplo se pueden citar las ayudas a la edición de libros, revistas culturales, traducción, al fomento de la lectura y del comercio del libro; del mismo modo que la construcción de nuevas sedes bibliotecarias o dotación y modernización de las existentes, al igual que el apoyo a nuestros creadores y la formación de todos los profesionales que ejercen en el sector del libro.
Y en esta tarea no se olvidará la colaboración con organismos internacionales, sobre todo los iberoamericanos dónde se ubica nuestro mercado más natural, así como la promoción de autores y obras en los diversos foros y ferias existentes en el Planeta.
Estas actividades deben ir acompañadas con el mantenimiento de los actuales apoyos fiscales al sector y aspiración a mejorar o rebajar otros impuestos o gravámenes, por ejemplo el del IVA. A su vez se reforzará la Ley del Precio Fijo sin excepciones. Creemos que el precio fijo garantiza la abundante oferte y pluralidad, tanto de contenidos editados como soportados en los puntos de venta más importantes: las librerías. Éstas pertenecen a un sector comercial que más duramente sufre los embates de la ley de oro del neoberalismo cuando se ofrece su cara menos amable, me refiero a la Ley de la Oferta y la Demanda.
Si el objetivo que se enmarcaba como básico en los inicios de este sucinto artículo era la democracia y la ciudadanía, éstas se explicitan tras la libertad y la pluralidad. El monopolio las dinamitan. Sólo una oferta editorial, por ende comercial (a través de librerías), amplias, plurales y diversas garantizan la pluralidad ideológica que aún camina de modo abundante y manifiesto en soporte papel. La “muerte” de las librerías acarreará la de pequeñas y medianas editoriales; es decir, se deja de garantizar la pluralidad ideológica o, más bien, se hace una apuesta por un delirante pensamiento único.
Reunir rigurosa documentación estadística, saber dónde estamos, para que sirva de atalaya y de información no sólo para los responsables políticos en la toma de decisiones, sino también al público en general, es otro objetivo. Adquirir fondos en viejos y nuevos soportes, dotar a las bibliotecas de las nuevas tecnologías, etc. también lo es.
Pero sin duda el fundamental es que los españoles logren el gusto por la lectura y sus modos, como hábitat formativo, dialogal y lúdico, para ello no se cejará en fomentarlo. Los contactos establecidos con medios relevantes de comunicación, el apoyo de los gremios y, sobre todo, el apoyo e intercambio de experiencia y recursos interministeriales son tareas obligadas. En estas tareas los Ministerios de Asuntos Sociales, de Interior (en concreto Instituciones Penitenciarias), Educación y Cultura jugarán un cierto liderazgo que ya viene siendo apoyado por los directivos responsables en la materia y pertenecientes a Presidencia del Gobierno.
Con puntos de anclaje fuertes y con puntos débiles, “la cultura del libro” en España, en su conjunto, es una cultura viva y con fortaleza, plural y de calidad, cuya riqueza y acervo, logrados durante años por grandes profesionales, se ha de reforzar y, cómo no, también rentabilizar, pues no debemos olvidar el potencial económico que encierra la expansión geo-demográfica de nuestra lengua cervantina, el castellano.
Y esta veta cultural y económica, estética y ética, exige diálogo, participación y consenso de todos los sectores implicados. Nuevamente aquí se manifiestan otras teologías que unidas a la anteriormente citadas deben ser acogidas en la tarea normativa que implicará la elaboración de una nueva ley. Una Ley de Fomento del Libro y de la Lectura que cubra los huecos de la existente, en su mayor parte derogada por ser preconstitucional. Una ley que redefina el libro según los nuevos soportes y apoyes las aportaciones de las nuevas tecnologías. Y la ilusionante tarea que encierra el libro requiere la participación no sólo de las diversas administraciones, de los sectores profesionales implicados, sino de toda la sociedad en general. De este modo, estimo que se puede hilar un tejido librario robusto en el que creadores, editores-distribuidores y lectores, (¡otras trilogía!), se aferren a la lectura como fuente de comunicación y conocimiento, fortaleza de estructuras mentales resolutivas e impulsora de “hambre” democrática. Una sociedad lectora es más proclive a ser más democrática. “Más libros, más libres”, es otro reconocido refrán. Aquí nos referimos a una lectura poética y crítica de lo contrario daremos validez a la frase de Steiner: “Nunca tanta información ha generado menos conocimiento”. Sin enloquecer leyendo como Don Alonso de Quijano, al menos que en el presente milenio cabalguemos leyendo e interpretando la realidad circundante.
