Reportaje Jesús Pastor. Poeta de la danza
Autor: Anabel Poveda
Revista: Por la Danza nº 85
Hace dos años Jesús Pastor cerró su etapa neoyorquina dejando en la Gran Manzana un piso fantástico, un sueldo nada desdeñable y su rol de Solista de American Ballet Theater. A cambio, escogió ser valiente y volverse a España, aun a riesgo de encontrarse la peor de las situaciones. Hoy, pese a los esfuerzos, los portazos y las desilusiones, no se arrepiente de la decisión que tomó.

Cuando quiere algo va a por ello, cueste lo que cueste, ya que se confiesa testarudo desde niño. Se podría decir que ha forjado su carrera a golpe de trabajo y cabezonería. Modelado en la Escuela de Víctor Ullate, dejó al maestro para curtirse en la Compañía Nacional de Danza, el Scottish, el English National, el Ballet de Zaragoza y el American Ballet Theater. Cisne de Matthew Bourne, Pájaro de Fuego de Béjart o invitado en Río de Janeiro, Turín o Tokio, ha recorrido el mundo bailando como invitado en compañías y galas de estrellas.
Bailarín atípico y utópico, asegura que, a veces, le ha costado adaptarse a la rigidez de las grandes compañías en las que ha trabajado. Amigo de sus amigos, leal y compañero, ha aprendido a ponerle al mal tiempo buena cara.
Hace dos años se sinceró consigo mismo y consciente de que la vida en Nueva York no le hacía feliz, cogió la maleta y se vino a España a la aventura, sin saber qué le depararía el destino. Su única certeza era que necesitaba estar cerca de los suyos y volver a casa después de once años de exilio.
Las cosas aquí han sido más duras de lo que esperaba, pero el trabajo ha ido surgiendo de forma paulatina, lentamente y cree que «poco a poco va encauzándose».
No le duelen prendas al reconocer que ha habido muchas lágrimas y decepciones, pero está contento porque «persigue un sueño que le ronda desde siempre y que, ¿por qué no puede convertirse en realidad?».
A pesar de los momentos de bajón, «siempre aparece algo que te da un aliciente, una pequeña cosita que te invita a seguir». Dispuesto a aprender de la situación de la danza en España, cuenta cómo ha tenido que asumir el rol de empresario, coreógrafo, productor, y todo lo que hay detrás de un espectáculo, cuando tú eres tu único recurso.
En una frase define su vuelta a España: «Ha sido como caer del cielo a la tierra, aterrizar en la realidad y empezar de cero. Tienes tu bagaje, pero sí, tienes que empezar a aprender un montón de cosas». Eso con el agravante de tener que explicar quién eres, porque pareces salir de la nada. «Eso duele, yo sé que mi carrera ha sido muy buena, he hecho todo, he bailado de todo, en grandes compañías, con grandes coreógrafos, pero siempre se me ha tenido ahí un poquito… (piensa y se calla). En la profesión todo el mundo me conoce, todo el mundo sabe quién soy, me respetan, pero nunca se me ha impulsado como a otros…».
Eso sí, a raíz de volver y sufrir en sus propias carnes cómo está la situación, valora más a la gente que lleva años luchando por hacer cosas aquí. «No pretendo quitarle el puesto a nadie, hay mucha gente que lleva años peleando y la admiro. Ahora me toca a mí y lucharé, no tengo prisa, quiero hacer las cosas bien, aprender, despacito, no pretendo tener una compañía de cien bailarines, para nada, lo que vaya viniendo que sea con calma. Creo que hay sitio para todos».
Mente inquieta
Apartado paulatinamente del clásico, aunque sigue teniendo ofertas para hacer galas y cosas puntuales, la necesidad de expresarse con su propio lenguaje le ha llevado a ponerse a prueba como coreógrafo. «Me queda muchísimo por aprender, de mí, de la forma en la que quiero bailar, de lo que quiero decir… es una necesidad, es algo que siempre ha estado en mi imaginación y no había la posibilidad porque estaba centrado en bailar». La inquietud y la necesidad de seguir creciendo, le impulsaron a volver a España, incapaz de repetir una temporada más en ABT.
Cuando regresó se tomó un tiempo para tantear cómo se trabajaba en las compañías europeas pero decidió que no quería más de lo mismo. «Necesitaba hacer las cosas como yo creía porque en las compañías me han admirado, pero yo les superaba… he tenido otra forma de hacer las cosas, y muchas veces les encantaba pero no encajaba. Creo que no estoy hecho para una compañía, me ha pasado mucho, me he tenido que callar, calmar y hacer lo que me decían, y he aprendido mucho, pero esa inquietud va contra los cánones establecidos. Hay mucho miedo al cambio».
Rebelde, incapaz de callarse ante las injusticias y defensor del talento como arma para subir, su eterna lucha contra la política, los intereses personales y las jerarquías de las compañías le han hecho ser siempre un poco polémico. «He sido polémico pero todo el mundo me ha querido, sobre todo mis compañeros, y los directores también, nunca me he ido mal, simplemente he dicho la verdad, y cuando vuelvo me reciben, me acogen y me quieren».
También en las compañías aprendió a superar empujones, puñaladas traperas y malas jugadas que jura no haber pagado nunca con la misma moneda.
De la necesidad de «vomitar» todo lo vivido nació Ka-Tar-Sis, su primera coreografía en España, una pieza que habla de sus miedos y de la necesidad de abandonar las individualidades para caminar unidos hacia un objetivo común.
Después llegó The seasons of the human being, un solo que le pidieron para presentar en Londres y en el que Jesús decidió experimentar consigo mismo ante la falta de recursos para contratar a otros bailarines. «Me gusta bailar, quiero bailar y por mucho que la gente no quiera, voy a seguir bailando. Si no hay ayudas de ningún tipo, pues yo solo. Puede sonar egocéntrico pero para nada, todo lo contrario, ¿qué tengo? a mí, pues ya está». Se trata de una pieza de hora y cuarto que Jesús define como «un paseo por la vida. Desde que naces hasta que mueres, la primavera simboliza el nacimiento, la adolescencia; el verano transcurre en un club y habla de la frivolidad, lo banal, lo estúpido; el otoño trae los recuerdos, hasta que mueres en invierno. Yo no me he muerto, no sé lo que es, pero ha habido momentos en los que estando vivo me he sentido muerto, y eso es lo que he querido plasmar… los ciclos, etapas de se cierran y oportunidades que resurgen». Los que quieran verle tendrán la oportunidad hasta el 13 de diciembre en la Sala Triángulo de Madrid.
Human Dance Project
Con vistas a crecer, Jesús Pastor se ha embarcado en un proyecto que ha llamado Human Dance Project. Iván Pérez, bailarín de NDT, ha montado un paso a dos, «que posiblemente será para dos hombres, en lugar de mujer y hombre que es lo de siempre», que habla de una búsqueda, del encuentro y del conflicto entre dos personas. La idea del espectáculo se completa con Luz y Sonido, una coreografía de Pastor para tres hombres y una mujer, con música electrónica, una inquietud que le ha llevado a descontextualizar ese estilo musical, sacándolo de la pista de baile para llevarlo al escenario. Trabajar con otros bailarines en este proyecto le ha ratificado en su idea de que es complicado ir en la misma dirección y estar en la misma onda. En estos momentos le apetece hacer las cosas a su manera y le está costando mucho encontrar compañeros de viaje que se adapten a sus necesidades.
Tal vez el problema radica en que se considera «un poeta del baile, un romántico, un hombre de letras, un contador de historias, de la vida, de la gente». ¿Un incomprendido? Tal vez sí, pero Jesús tiene claro que a la danza «le falta alma y poesía, y la danza es sentimiento, es transmitir, que el público sienta con el corazón». De ahí que lo «humano» aparezca destacado en su proyecto de futuro.
Sin muchos apoyos, exceptuando el incondicional de Javier Bagá y Raúl Cárdenes, espera que con el tiempo le echen una mano. «Hasta ahora he puesto dinero de mi bolsillo, pero para hacer cosas con más gente necesitas ayuda, a no ser que me contraten en muchísimos teatros y el dinero lo pueda invertir en la siguiente producción, que era mi idea. Pero esto es un círculo vicioso, si no entras en el sistema, no te contrata nadie. Habrá que esperar a ver si llega. No me he puesto límite de tiempo, mientras pueda seguir comiendo y pagando el alquiler».
Entre sus amigos, opiniones para todos los gustos, «muchos me dicen que soy muy valiente y me admiran por hacerlo, a otros les da envidia porque también les gustaría volverse pero no tienen las narices de hacerlo y en vez de admirarlo, lo pisotean si pueden…». ¿Por qué será tan difícil tener buenos amigos dentro del mundo de la danza? Jesús confiesa que los tiene, pero también hay enemigos confesos y supuestos amigos que te fallan cuando más los necesitas. «Me han dado muchos machetazos por detrás, pero he crecido siempre de todo eso, y he vuelto a dar la oportunidad». «No vamos a ser negativos, he tenido momentos felices, maravillosos, pero también hay que hablar de los malos. Yo leo entrevistas de la gente y todo es maravilloso, estupendo, fenomenal, perfecto… y conozco su vida, lo que hacen, y me da rabia leer que todo es fantástico». «No valoraríamos un día maravilloso si no tuviéramos días malos, pero todo el mundo maquilla las cosas y aparentan llevar una vida estupenda, ser muy felices cuando todos sabemos lo que hay».
A pesar de ello, Jesús cree que es algo muy generalizado en una sociedad en la que priman las apariencias por encima de la honestidad y la sinceridad, en cualquier parcela de la vida. Al menos él está orgulloso de no haberse traicionado a sí mismo.
Prefiere perdonar lo malo y aprender de ello, «soy súper positivo porque no puedes reconcomerte en lo malo, luego te pones en la barra y no funcionas, tienes que estar bien. Yo bailo bien cuando estoy feliz. Voy a buscar la felicidad, donde esté, es mi meta…».
Esa felicidad ha ido estrechamente ligada a la danza, su musa, su medicina, la que le cura, su forma de expresión, la esencia de su vida, un refugio, la mejor droga… esa de la que no se puede desenganchar porque le permite vaciarse en el escenario y darle al público todo lo que lleva dentro, en forma de regalo, de emociones…
Cansado del debate de la pésima situación de la danza en España, verifica que en los once años que ha estado fuera «las cosas han cambiado muchísimo y que, aunque pueden seguir cambiando y mejorando, se van dando pequeños pasos». Cree que patalear es un recurso que «le ha venido muy bien a unos pocos», pero defiende que «luchando se consigue todo, poco a poco, con trabajo».
Firme en su relación de amor con la danza, jamás se planteó ni se plantea dedicarse a otra cosa, no guarda una bala en la recámara para quedar bien. Cuando se baje del escenario, «porque una retirada a tiempo es una victoria», peleará por seguir vinculado a este mundo. «No me planteo el futuro, vivo al día, con mi sueño, mirando hacia delante con añoranza de lo de atrás, pensando en cosas que me gustan y que espero conseguir…».
