Artículos

Revistas como campos de batalla

5 febrero 2014 · Por simple

Autor: Fernando Huici March

Revista: Arte y Parte nº 109


En el rastro trazado por las vanguardias artísticas a lo largo del pasado siglo, el uso militante de las revistas como plataforma de difusión del propio ideario y de sus transgresiones formales o sintácticas juega un papel decisivo y, bien a menudo, arroja un testimonio inestimable a la hora de reconstruir los avatares que configuran la entraña y el devenir -y las contradicciones, con frecuencia, también- de aquellos episodios heroicos. Ideadas e impulsadas por los propios artistas, dichas revistas se conciben como campos de batalla, desde donde exhibir las armas acuñadas, definir los objetivos, proclamar los logros alcanzados, definir la trama de alianzas en la conquista de la escena internacional y, cómo no, denostar al adversario.

De tales revistas, las más célebres o, al menos, las más difundidas hasta la fecha, se cuentan entre las muchas que proliferaron desde los años de la primera contienda mundial a las décadas que siguieron a la contienda, cabeceras legendarias, entre otras, como 391, Dada, Littérature, La Révolution surréaliste, Manomètre, De Stijl, Valori plastici o Cercle et Carré. A no pocas de ellas se ha prestado en algún momento atención en estas páginas. El caso más reciente, el de Minotaure. Sin embargo, en el presente número, hemos querido centrar la atención en otro periodo mayor, y no menos prolífico, en lo que a revistas de vanguardia se refiere. Y ello porque, pese a ser un tiempo en el que afloran publicaciones asimismo esenciales, su revisión y puesta en valor no alcanza todavía un nivel equivalente al de sus predecesoras de las vanguardias tempranas, y que sin duda merece. Dentro de una horquilla temporal que va del tramo final de los años cincuenta del siglo xx a la década de 1970, hemos entresacado para componer este monográfico cuatro ejemplos de referencia que, parafraseando el título de un texto que Ángel González García dedicó a ese asunto, confieren así a esta entrega de Arte y parte la condición eventual de «revista de revistas».

Las cuatro revistas elegidas para la ocasión son, en concreto, kwy, Diagonal Cero, dé-coll/age y Schmuck. Más allá de las diferencias específicas, ya sea el caso de sus equipos impulsores o de los pormenores de su trayectoria editorial, todas ellas comparten ciertos rasgos comunes. Como es obvio, el hecho de que sean, una vez más, empresas concebidas por los propios artistas en pos del desarrollo de sus apuestas creativas y la articulación de su red de complicidades estratégicas. Pero también una ambición experimental que cobra, en el efervescente aliento de ese tiempo concreto, rasgos bien particulares, entre los que destaca esa permeabilidad radical que diluirá los límites entre distintos territorios expresivos, propiciando fértiles contagios y mestizajes entre los campos de la poesía, la plástica, la escena o la música. O el umbral de invención transgresora que, en ciertos casos, aportarán al empleo de determinadas técnicas de estampación, tal como ocurre con la serigrafía en kwy o la xilografía en la fase temprana de Diagonal Cero.

Ana Filipa Candeias desmenuza de entrada en estas páginas la aventura de kwy, la revista fundada en París en la primavera de 1958 por René Bertholo y Lourdes Castro. Plataforma de la vanguardia portuguesa en el exilio, sin perder nunca esa raíz lusa esencial, se abriría desde muy pronto a una dimensión tanto ibérica -con la participación de integrantes del grupo El Paso- como, ante todo, europea, a partir de sus lazos con el arte alemán y, de forma muy principal, por su estrecha relación con una figura de la talla de Christo, responsable en buena parte del viaje de kwy desde una temprana filiación informalista a las cadencias dadaístas del nuevo realismo.

Por su parte, Fernando Davis acerca a nuestros lectores la singladura visionaria de Diagonal Cero, una de las plataformas decisivas de la poesía experimental en Latinoamérica, durante esa década de 1960 donde las transgresiones poéticas en sus derivas visual, fonética, concreta, matemática o de acción habían de cobrar un protagonismo decisivo. Fundada en Buenos Aires por Edgardo Antonio Vigo, la publicación argentina cobraría su propia dimensión internacional con las complicidades establecidas a una y otra orilla del Atlántico, entre otros, con nombres clave, en Brasil, como Haroldo de Campos o Décio Pignatari y, en el ámbito europeo, como Julian Blaine, Timm Ulrichs, Henri Chopin o Alain Arias-Misson.

Las dos publicaciones restantes tienen un cierto denominador común que los asocia, de algún modo, a la órbita extensa de Fluxus. De modo un tanto paradójico, a un tiempo vertebral y conflictivo -como bien señala Henar Rivière Ríos en el texto esclarecedor que dedica a la primera- en el caso del empeño de dé-coll/age al que daría curso, a partir de la epifanía propiciada por la crónica de prensa de una catástrofe aérea, también en París, nada menos que Wolf Vostell. Instrumento que alimentará la rivalidad; en la ambivalente relación del artista con Maciunas, dé-coll/age sería vehículo tanto de esa estrategia de creación a partir de la destrucción que le da título y nutre el hacer entero de Vostell, como del happening, episodio que tiene también en él su máximo exponente europeo.

Y, cerrando por fin la secuencia, Zanna Gilbert sitúa, dentro del contexto de la transgresora trayectoria editorial de Beau Geste Press en los años setenta, el horizonte expansivo y transfronterizo acuñado bajo la estimulante divisa de Schmuck, cuyos propiciadores, el mexicano Felipe Ehrenberg y el británico David Mayor, definirían como una revista «que se realiza a sí misma, no nosotros a la revista». Una publicación de afluencia coral y ambición migratoria, que instaba a escapar de los canales convencionales o institucionales de la creación y que, desde su radicación original en Devon, impulsó la edición de números autónomos gestados en Praga, Budapest o, en lo que se conoce como la sugerente y frustrada Schmuck «perdida», Latinoamérica.

Por su parte, en Arte y Edición, Maurizio Scudiero vuelve a acercarnos un documento clave en el contexto de la vanguardia del primer tercio del siglo xx. En este caso se trata del libro ABECEDA, publicado en Praga en 1926, un proyecto desarrollado, en estrecha alianza, por el poeta Vítězslav Nezval, la coreógrafa Milča Mayerová y Karel Teige como responsable del diseño tipográfico y la composición, sin duda uno de los logros del fotomontaje en la órbita del constructivismo checo.