Una buena noticia.
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Una buena noticia.

3 noviembre 2011 · Por simple

Autor: Rosa Olivares

Revista: Express, Revista de Información y Debate sobre Arte Actual nº 61


Foto Wim Delvoye. Fuck, 2000-2001. Cortesía del artista y Galerie Guy Bärtschi, GinebraLlevamos demasiado tiempo sin una buena noticia. La sensación de crisis, económica sobre todo pero también moral, social, etc., nos tiene agotados y ya no podemos sentir nada de lo que sucede con una mirada optimista. Es cierto que nuestro entorno no tiene nada nuevo que nos haga ilusionarnos, pero habrá que saber sobrevivir a esta situación. Una situación que realmente no entiendo por qué ha sorprendido a tantos, a todos.

Esta sensación de desazón es casi la única cosa que compartimos, y la realidad es que si miramos a nuestro alrededor no vemos mucha energía, no hay elementos positivos que nos ilusionen. Y si los museos, las instituciones, están desesperados por los recortes de presupuestos, ¿qué podemos decir las publicaciones de arte? No gozamos ni del apoyo de las instituciones, ni del dinero público, ni del apoyo de las galerías privadas, y para qué hablar de las grandes marcas, que sólo creen en las revistas para la mujer y en los dominicales de los diarios más fuertes. Nos queda un lector cada vez más arrinconado por un arte actual que le sorprende y que a veces le irrita, que no entiende y del que cada vez se siente más excluido. Al lector le queda siempre la experiencia directa del arte, y a nosotros la esperanza de una buena noticia.

Esa buena noticia no va a venir, desde luego, de las nuevas tecnologías que plantean la gratuidad para nuestro trabajo. Es decir, de descargarse la revista gratis en cualquier soporte que se ponga (con un coste económico evidente) para evitar el coste ominoso de las imprentas (cuya existencia, por cierto, también tiende a extinguirse), de piratear aplicaciones, o de… ¿robar la revista de las librerías? Tal vez esto último no se vería bien, pero las otras opciones sí, claro. Mientras nosotros tenemos que pagar sí o sí los derechos de los artistas a los que catapultamos al éxito y a veces a las ventas reales, también tenemos que pagar a sus empresas de gestión para que algunos directivos vivan como príncipes, o incluso mejor. Claro que esto no es una buena noticia.

Los medios de comunicación, por muy especializados que sean, no deben inventarse las noticias, ni las buenas ni las malas, pero, ¿cómo hacemos para dar un poco de alegría al patio si todo lo que está sucediendo es absolutamente irrelevante para subir el nivel de entusiasmo del sector? Cuando la participación en la Bienal de Venecia vuelve a ser un muermo, cuando las temporadas expositivas despiertan un interés relativo en el sector, y cuando nadie se atreve a apostar qué galerías van a cerrar antes o qué revistas van a sobrevivir a la quema, se impone una actitud diferente. Algo hay que hacer para recuperar la energía y la ilusión. Es cierto que cuando nos metemos en un túnel oscuro es muy difícil ver nada, pero a veces ese túnel es solamente que hemos cerrado los ojos y no queremos ver. Las cosas no van a cambiar aunque nosotros, todos, suframos mucho y seamos tremendamente infelices. Eso sólo lo puede empeorar aún más.

Necesitamos una buena noticia, y tal vez la tengamos que generar nosotros mismos. Tal vez tengamos que empezar a mirar el arte, a disfrutar en los museos, a ver en el cine algo más que una industria, a leer en papel los libros que todavía no hemos leído, incluso los que ya leímos hace tiempo. Habrá que aprender a escribir mejor, a intentar hacerlo mejor. La solución siempre está en nosotros mismos y en la cultura, esa aliada fiel que nos ayuda a superar los malos momentos.

Esta es la buena noticia: seguimos vivos.