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Wiliam Nicholson / Lee Miller

1 enero 2000 · Por simple

Autor: Ana Rimblas / Edwin Beaton

Revista: Álbum. Letras y Artes nº 81


Wiliam Nicholson

Este sorprendente y polifacético pintor inglés fue sin duda alguna un artista lleno de talento. Y si su obra parece no haber alcanzado fuera de su país el reconocimiento que merece, ello quizás se deba simplemente al hecho de que el artista británico vivió entre dos siglos y dos concepciones del arte muy diferenciadas, que él, al menos de alguna manera, intentó reconciliar en su obra.

Nacido en Newark en 1872 y fallecido en 1949, William Nicbolson se vincula por una lado con la tradición pictórica de los siglos preceden­tes y, por otro lado, podría decirse que anuncia una pintura que sólo comenzaría a hacerse reali­dad mucho más tarde. Así, en innumerables oca­siones, los críticos que se han ocupado de su obra han destacado el hecho de que sus escuetos y sobrios paisajes prefiguran de alguna manera el minimalismo y las abstracciones de su hijo, el también pintor Ben Nicholson.

Y esta es otra de las características que relacionan a nuestro pintor con los artistas de los siglos anteriores, el hecho de entroncarse en una auténtica dinastía de artistas, pues fueron pinto­res tanto su primera esposa, Maybel Pryde, des­graciadamente fallecida muy pronto, en 1918, como su cuñado James Pryde, y luego lo serían también su hijo e incluso su nuera, Winifred Nicholson, esta última una lírica y a veces inclu­so espiritual pintora de flores y paisajes.

1centroPero volviendo al creador de la dinastía, aun­que es cierto que William Nicholson es conocido sobre todo por sus espléndidos bodegones (que en muchas ocasiones hacen pensar en aquellos que pintaran los grandes maestros del siglo XVIII, pero que en muchas otras ocasiones, como, por ejemplo, en el titulado The Little Flower Piece , nos sorprenden, tanto por esa sobriedad cercana al minimalismo a la que nos referíamos, como por la curiosa perspectiva adoptada), ésta no es en verdad sino una faceta más de su trabajo, porque el pintor de Newark fue también un excelente e innovador paisajista, como puede admirarse tanto en esos lienzos titulados A Road Near Rottingdean , The Hill Above Harlech , o Near Littlehampton , que son el ejemplo perfecto de esa tendencia a la abstracción a la que nos referíamos, como en obras tan bellas como esa onírica playa del Lido pintada en la déca­da de los años treinta, o, por supuesto, en esa extraña y sorprendente vista aérea de la plaza de toros de Málaga, pintada en 1935. Y, del mismo modo, muy interesantes son sus también innova­dores retratos, en los que en ocasiones se han visto influencias de Whistler e incluso de Velázquez.

Y es que en definitiva William Nicholson fue un artista de amplio espectro, pues no sólo fue un pintor que practicó todos los géneros, tanto el retrato, como el bodegón o el paisaje, sino que también fue ilustrador de libros, especialmente de literatura. infantil, un buen escenógrafo tea­tral, y un excelente xilógrafo y grabador que muy pronto, en 1896, realizó un abecedario que alcanzó gran éxito, además de crear junto a su cuñado James Pryde un seudónimo, Beggarstaff Brothers, bajo el que ambos trabajaron como car­telistas, en la línea del modernismo, en un estilo similar al de los grandes cartelistas alemanes.

2centroEn una exposición organizada recientemente por la Royal Academy of Arts todos y cada uno de estos aspectos de su obra fueron, como es lógico, presentados, estudiados y analizados. Mas una vez más lo que más llamó la atención fueron esos rasgos que en alguna de sus obras, como, por ejemplo, además de las ya citadas, la titulada Ballroom in an Air Raid , pintada en 1918, anun­cian una pintura mucho más moderna.

Conocido sobre todo por una famosa foto­grafía que realizó Malcolm Arbuthnot en 1912, cuando el pintor tenía cuarenta años, William Nicholson nunca llegó a pintar su autorretrato, aunque ocasionalmente aparece en alguna de sus obras reflejado de manera imprecisa en algún espejo o como una sombra en el suelo de algún paisaje.

Lee Miller

Aunque durante todos estos años nunca faltaron quienes continuaron intere­sándose en ella, no sin razón, pues se trata en verdad de una mujer fascinan­te, también es cierto que la mayoría de quienes se sentían atraídos veían sobre todo en Lee Miller, o bien la bellísima modelo retratada por los más prestigiosos fotógrafos de la primera mitad del siglo XX, o bien una de esas estadounidenses que frecuentaron los ambientes artísticos de vanguar­dia en Europa, lo que le permitió ser la amiga ínti­ma de algunos de los más grandes artistas de este período, la amante de Man Ray y luego la esposa del artista y coleccionista sir Roland Penrose.

3centroSin embargo Lee Miller fue también una fotó­grafa excepcional. Y además lo fue en muchos y muy distintos campos, pues no sólo ejerció su talento realizando excelentes retratos de todos esos artistas y personajes famosos que frecuentó a lo largo de su vida, trabajando como fotógrado de ­moda o experimentando, sobre todo durante el período que colaboró con Man Ray, innovadores estilos, sino que también fue una activa corresponsal de guerra para la Segunda Guerra Mundial, siendo por ejemplo una de las primeras en captar todo el horror de aquellos momentos recién liberados los campos de exterminio nazis.

Nacida en 1907 cerca de Nueva York, muy pronto, en 1925, la joven norteamericana realiza su primer viaje a París, donde estudia técnica teatral en 1’Ecole Medgyes y donde ya establece un primer círculo de amigos. Aunque en realidad es al año siguiente, y de nuevo en NuevaYork, cuan­do la suerte la sonríe verdaderamente. En un rocambolesco accidente de tráfico conoce a Condé Nast, el editor de Vogue , que sabe captar inmedia­tamente sus muchas posibilidades y que la hace comenzar a trabajar como modelo para su ya famosa revista. A partir de 1927, Lee Miller, que acaba de cumplir veinte años, posa como modelo para los más prestigiosos fotógrafos del momento, artistas procedentes, tanto del mundo de la moda propiamente dicha, como de las más innovadoras vanguardias artísticas, gente como Eduard Stei­chen, creador junto a Alfred Stieglitz de la famo­sa T’he Little Galleries of the Photo-Secesion , Arnold Genthe, que realizaría espléndidos retratos de ella, el alemán Horst P. Horst, etc. Pero pese a este éxito la inquieta joven decide regresar a París donde, en un primer momento, continúa traba­jando como modelo para los más celebres costure­ros de este período, Jean Patou, Lucien Lelong o la famosa Elsa Schiaparelli, una creadora italiana muy vinculada a los surrealistas, aunque muy pronto Lee establece contacto con su compatriota Man Ray convirtiéndose en su modelo, su ayu­dante y en su amante.

Nacido en Filadelfia en 1890, Man Ray que en un principio era un pintor cubista interesado por la abstracción, había conocido en Nueva York a Marcel Duchamp y Francis Picabia, que habían abandonado Europa a causa de la guerra y que dis­frutaban en los Estados Unidos del papel de figu­ras destacadas del mundo del arte de vanguardia. Instalado en París desde 1921, Man Ray había establecido estrechos vínculos con el grupo de los surrealistas y muy pronto había comenzado él mismo a realizar cine experimental y a trabajar como fotógrafo, creando por ejemplo en 1922 los rayógrafos, siluetas de objetos sobre una placa sen­sible, punto de partida de la fotografía abstracta. Lee Miller conoce a los amigos de Man Ray, a Paul Eluard, a Picasso, a los miembros de los ballets rusos. Y en 1930 es ella quien «interpre­ta», en el film de Jean Cocteau Le fang d’un poete , una figura emblemática del surrealismo del perí­odo, la pálida y misteriosa estatua femenina sin brazos que anima al poeta a penetrar en el espejo que orna uno de los muros.

En 1931 Lee Miller y Man Ray comienzan a frecuentar a un millonario egipcio llamado Aziz Eloui Bey, que está casado con una bella y muy fotografiada mujer llamada Nimet. Muy pronto se establece entre las dos parejas una turbulenta rela­ción. Nimet se suicida y Man Ray intenta hacer lo mismo. Lo que finalmente lleva a Lee a tomar la decisión de abandonar París y regresar a Nueva York. Allí crea su propio estudio de fotografía, en el que trabaja en colaboración con su hermano Erik. Se inicia así un período de gran actividad que durará dos años y que sólo interrumpirá la llegada de Aziz, que viene decidido a conquistar a la joven norteamericana. Cosa que consigue, pues al año siguiente, 1932, Lee Miller contrae matrimonio con el millonario egipcio. La pareja establece su residencia en Egipto, aunque suelen viajar fre­cuentemente a Europa, pasando largas temporadas en la mansión que Aziz posee en Saint Moritz. Pero aunque la relación con el rico y atractivo egipcio duraría hasta 1939, la realidad es que muy pronto Lee comienza a pasar más y más tiempo lejos de su marido y que vuelve a frecuentar a sus antiguos amigos, Man Ray, Max Ernst, Paul y Nusch Eluard, Michel Leiris, etc. Y es también en este período cuando conoce a aquel que va a con­vertirse en su nuevo compañero, Roland Penrose.

En el verano de 1937 Lee pasa algún tiempo en una mansión que el hermano de Roland posee en Cornwall en compañía de un grupo de amigos entre los que se encuentran, entre otros, Max Ernst y la también fascinante Leonora Carrington, Man Ray y su nueva amiga, la martiniquesa Ady. Y un poco más tarde este mismo grupo pasará unas cor­tas vacaciones con Picasso y Dora Maar en Mou­gins, en el sur de Francia. A partir de ese momen­to Lee, en compañía de su nuevo amante, viaja por la región de los Balcanes, Grecia y Egipto.

4centroCuando se desencadena la guerra, Lee Miller se instala con Roland Penrose en Inglaterra. Allí con­tinuará trabajando para Vogue, realizando fotos relacionadas con la moda o con el arte, pero también una serie de reportajes sobre el heroico comportamiento de la población civil, especialmente de las mujeres, durante los terrible bombardeos que asolan Londres.

El 25 de agosto de 1944 entra en París con los aliados. Allí vuelve a encontrarse con sus ami­gos, Picasso, Nusch y Paul Eluard, Elsa Triolet y Louis Aragon. Por encargo de Vogue fotografía a la escritora Colette, a Jean Cocteau y a Marlene Dietrich y Fred Astaire que actúan para las tropas aliadas. Siguiendo a éstas, Lee Millar continúa el camino hacia Alemania. En Bruselas fotografía a René Magritte y a Paul Delvaux. Luego, asiste a la liberación del campo de Dachau, realizando fotografías terribles y espectaculares. Y todavía en 1946 trabaja durante algún tiempo en Hun­gría, donde fotografía por ejemplo la ejecución de líder fascista Bardossy.

5centroA finales de 1946 regresa a los Estados Uni­dos y visita en Arizona a Max Ernst, exiliado en los USA desde 1941 y que, tras un corto matri monio con Peggy Guggenheim, vive con su nueva compañera, la pintora Dorothea Tanning. En 1947 se divorcia de Aziz Eloui Bey y se casa con Roland Penrose. El 9 de septiembre de ese mismo año nacía su primer y único hijo, Anthony Penrose. Poco después la familia adquiere una propiedad rural, Farley Farm, en la que Lee pasa cada vez más tiempo. Pero aunque se consideraba que tras una serie de reportajes publicados en Vogue durante los años cincuenta y su trabajo para la biografía de Picasso que publicó en 1954 su marido, Lee Miller había permanecido práctica­mente inactiva, el descubrimiento por su hijo de cerca de cuarenta mil negativos en el ático de una de las mansiones familiares demostró que en rea­lidad siempre había continuado fotografiando a sus célebres amigos.

En cualquier caso es en 1973 cuando realiza lo que será uno de sus últimos trabajos, las fotografí­as de Antoni Tapies que ilustrarán la biografía del artista que prepara su esposo, Roland Penrose. En 1977, sólo tres meses después del nacimiento de su primera nieta, Lee Miller fallece en Farley Farm.